Yazmín y yo estamos sentadas frente al Hospital de la Tropa, en una banca de madera suspendida en el nivel medio-bajo del sistema de plataformas internas del Castillo de San Felipe de Barajas.
No es un lugar cualquiera.
Coordenadas:
10.4229° Norte, -75.5393° Oeste.
Altura estimada:
25 o 30 metros sobre el nivel del mar.
Y entonces sucede.
Sin esfuerzo.
Sin búsqueda.
La información comienza a fluir.
00:17 – Ya no se trata… de mantras, se trata… de entrar en la vibración de la geometría del espacio. Ahora ya lo están. Están, no en un punto, sino en un plano elevado que se eleva con respecto a la tierra, que aquí es igual al mar (Refiriéndose al Mar Caribe).
Cero, cero, cero.
1:01 – Este punto es el más olvidado. Es el punto más… sufrido, es el punto tan menos importante que hasta han hecho un video animado que pocos o nadie escucha (haciendo referencia al video que se proyecta dentro del Hospital).
Este punto plano, inclinado, condensa el sufrimiento de aquellos que vivieron siglos de sufrimiento.
1:50 – El cuerpo (Refiriéndose al cuerpo humano en el planeta Tierra).
El cuerpo es… una tecnología perfecta. No es una cárcel como muchos dicen. No tiene límites al estar anclado en el cuerpo. Tú puedes estar en ese cuerpo ahora y viajar a donde tú quieras en la multidimensión.
Es el cuerpo mismo, no la materia, sino su funcionalidad… su conectividad que permite esos viajes aún tan especiales, aún sin mover la materialidad.
De eso se trata.
3:02 – Para hacer la tarea de hoy, la invitación, el servicio que hoy les convoca…
3:15 – Les saluda Comando Solar.
El primer paso para… remover, reestructurar, recalibrar, desvanecer la rejilla que sostiene la experiencia de esclavitud… en esta tierra que se expande como olas al resto del continente llamado Suramérica… se requiere de calibrar sus corazones.
4:09 – Primer paso.
4:17- Carolina, expande tu corazón y cubre todo el territorio que se llama Cartagena de Indias. Incluye el mar. Incluye a todos los seres vivientes y sintientes.
4:45 – Yazmín, ordena amorosamente a tu corazón a expandirse hasta cubrir todo el castillo, toda la colina cubierta de piedra.
Piedra cubierta en piedra.
Comiencen.
Desde una visión aérea, vi cómo la radiancia del corazón de Yazmín comenzaba a expandirse. No hubo esfuerzo, solo silencio y precisión. Su campo se desplegó hasta abrazar por completo el Cerro de San Lázaro. Y el centro exacto de esa expansión… era el punto donde estábamos sentadas.
Al mismo tiempo, el campo de mi corazón se extendió más allá del Castillo, más allá de la piedra y de la historia, hasta cubrir toda Cartagena. Incluso las olas más lejanas quedaron contenidas dentro de ese pulso.
Entonces lo vi con claridad.
Tres campos anclados.
Dos expansiones.
Un solo eje.
El del Castillo.
El de Yazmín.
El mío.
Habíamos configurado un nodo. Un punto de anclaje donde la vibración de nuestros corazones no solo coincidía, sino que se transmitía, distribuía y amplificaba.
Y el lugar donde estábamos, esa banca discreta, casi a mitad de la pendiente que sostiene el Hospital de la Tropa, no era casual. Funcionaba como un catalizador del nodo que permitía que los tres campos se encontraran. Y así pudimos ingresar y habitar la geometría. No como observadoras, sino como parte del diseño, de la tecnología.
Y ahora, al escribirlo, la memoria se enlaza con otra escena: Teotihuacán. El punto preciso “donde se hace el eje hacia las tres pirámides”.
Distancia geográfica: inmensa.
Estructura: idéntica.
Un eje compuesto por tres componentes.
7:14 – Ahora anclen las frecuencias de sus corazones.
Con amor a la tierra.
Con amor… al cielo.
Y entonces lo vi con claridad. El campo de Yaz no solo se expandía: se curvaba.
Descendía suavemente hacia la tierra. Y, al mismo tiempo, se arqueaba hacia el cielo.
Y el mío… se curvaba de la misma manera.
Hacia abajo, enraizándose. Muy similar a como había ocurrido en Teotihuacan.
Hacia arriba, elevándose.
Dos campos dibujando la misma forma de manera simultánea, que a su vez formaba una nueva estructura. Geometrías curvas, conscientes, que conectaba planos, mientras el nodo, era el ancla que sostenía las curvaturas.
7:46 – Ahora, Yazmín. Vas… a comenzar a rotar en el campo de tu corazón, que rodea todo el castillo lentamente, un grado, un grado, hacia la izquierda. Un grado, pausas, te mueves otro grado a la izquierda, pausa, y así sucesivamente hasta los 360 grados.
Y entonces vi que el campo del corazón de Yazmín, ya expandido y curvado hacia la tierra y el cielo, comenzó a girar lentamente hacia la izquierda. Era una rotación precisa, ordenada, casi hipnótica, sostenida sobre su propio eje.
8:34 – Carolina hará lo mismo a su derecha. Un grado, a un grado, a un grado, hasta cumplir 360 grados.
8:56 – Comiencen ahora.
Y comencé entonces a rotar el campo de mi corazón a la derecha, grado por grado. Cada movimiento era reconocido y contado.
Entonces interrumpió mi mente práctica y lineal: “si hay que contar 360 grados esto se va a demorar un montón”. Luego, con una sonrisa interna, surgió otra respuesta: “No tengo afán, así que mejor comienzo”.
Y conté cada grado, cada desplazamiento de mi campo:
1, 2, 3…
25, 26, 27…
55, 56, 57…
67, 68, 69… y veía que ya casi había rotado hasta mis noventa grados.
Y a la vez veía como el campo de Yaz y el mío se movían, grado por grado, para lados contrarios.
Éramos un mecanismo.
Un sistema vivo de rotación complementaria y calibrada.
13:20 – Noventa es la mitad de 180, es un cuarto de la esfera, del círculo que están trazando.
Esta se proyecta… a la diagonal.
Y el movimiento siguió a las palabras.
Entonces me mostraron como mis primeros 90 grados, ese primer cuadrante recorrido casi de manera ceremonial, se proyectaban al tercer cuadrante.
0 a 90 grados… resonando en 181 a 270 grados.
Y en ese instante entendí que no estábamos simplemente girando nuestro campo del corazón, sino activando los ejes invisibles del nodo.
13:52 – Y como Yazmín ya ha trazado sus noventa grados hacia la izquierda, estos se han reflejado, y así han, completado, 360 grados.
Y entonces la simetría se completó.
No como repetición… sino como correspondencia.
Los primeros 90 grados de Yazmín, ubicados en lo que, desde mi perspectiva, era el cuarto cuadrante, se proyectaron con precisión impecable hacia mi segundo cuadrante.
Estábamos tejiendo una geometría compartida. Un sistema de proyecciones cruzadas donde cada movimiento encontraba su reflejo en el otro, completando una estructura mayor que ninguna de las dos, por sí sola, podría sostener. Cuanta precisión, belleza y coherencia absoluta del movimiento.
Wow. Sí… fue mágico.
22:41 – Orion y Cartagena…
Siento agua debajo del Castillo de San Felipe.
Luego veo una estructura sumergida en esa agua. Es grande, pesada, monumental.
22:46 – Ya te hemos mostrado que en las profundidades de esta piedra… que es un monte, un monte cubierto por más piedra, yace el… portal.
Por-tal.
23:19 – La rejilla de la esclavitud es una creación inconsciente de los seres que habitaron esta tierra. Construyeron no para mirar más alto, sino para mirar más a sus lados. Trescientos sesenta grados.
El diseño del castillo es la rejilla misma… una obra exquisita de crueldad…de callejones sin salida, de… juegos ópticos. Sólo quienes estaban adentro conocían esta ciudad, sus recovecos… aún enjaulados en él tenían una leve sensación de libertad, pero eran, al fin y al cabo, pájaros en una jaula de piedra.
25:02 – Llegar aquí hoy es fácil… pero no lo era en ese entonces.
26:23 – El portal no se puede abrir, aún. Deben ir a la Ciénaga de la Virgen. Allí les susurrarán los secretos… los secretos, los secretos de esta tierra. Tierra, aire, mar, piedra, sol, mucho sol.
27:09 – El Comando Solar les agradece continúen su camino.
Y entonces Yaz preguntó:
27:19 – Amorosamente, quisiera preguntar amorosamente en un sueño que tuve, que me fue mostrado, decía: “Medida 1 KAM”. ¿Tiene alguna referencia o relación con lo que describimos acá?
Y esta fue la respuesta:
27:41 – KAM.
KAM.
Kamakhya.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM.
KAM
KAM.
28:19 – KAM es una medida de Orión. Es la medida que nos separa en la concepción humana del tiempo y del espacio: 1 KAM. 1 KAM, 1 KAM.
30:21 – El Castillo, Cartagena está en remojo, en el campo de sus corazones.
30:32 – No es posible abrir… el portal, nuevamente aún, hoy.
30:43 – Diríjanse a agua, agua, agua, agua.
31:08 – Mañana vayan al dique primero y luego… vuelvan, vuelvan, vuelvan.
31:27 – Las saluda Comando Solar. Hermanas… las vemos confundidas, sin comprender con sus mentes humanas.
La geometría en su plano es… academia, es mente, pero recuerden que la geometría es, en realidad, vibración. Y no hay vibración más potente en los seres humanos que lo que emana de sus corazones, no es poca cosa decir, atreverse a decir, y a dejar en remojo a Cartagena en su amor.
No es poca cosa, ni cosa poca… remojar en amor, es la manera sutil, suave de penetrar todos los poros de las geometrías que sostienen aquello que se está diluyendo.
33:05 – Puedes quemar un papel con fuego, y… se hacen cenizas.
Puedes romper un papel, y quedan pedazos.
Pero… si sumerges un papel en agua, éste se diluye con suavidad, con… gentileza, con… delicadeza… por eso, hay que ir a las aguas… que las lágrimas de quien su voz usamos hoy endulcen con su sal las aguas de sus corazones. Que así mismo diluyen la geometría de la esclavitud.
34:13 – Fuerza con más fuerza… es la lógica humana. Aquí, aplicamos lo opuesto. Más luz, más amor, más… sutileza para diluir lo más fuerte, lo más cautivo.
El agua penetra todos los lados.
¿Son acaso, ustedes no casi todas, agua?
¿No son acaso los seres de Orión, en su mayoría, no son seres de agua?
Acaso Cartagena no está rodeada, casi, en su totalidad, ¿por agua?
Agua.
Agua.
Agua.
35:29 – No se trata de ver el agua putrefacta (refiriéndose a la contaminación de la Ciénaga de la Virgen).
Se trata de reestablecer la geometría sagrada del agua bendita.
Es el agua el que hará la labor.
Ustedes y sus corazones son… las anclas para que esa agua, fluya.
36:04 – No se trata de darse por vencidas. Se trata de fluir como el agua.
Sean agua. Sean compasión… pura.
Sean… agua.
36:49 – Lady Nada guarda sus caminos continúen sin duda.
Continúen riéndose… tomando su agua, su sal, su agua… su sal.
37:16 – Les acompañamos, gracias.
Al finalizar la transmisión comenzamos a bajar.
El calor y el murmullo de la ciudad retornaban, poco a poco, a mi conciencia.
Teníamos claro nuestro próximo destino: la Ciénaga de La Virgen. Ya lo había anunciado la conciencia de Shiva en Chichen Itzá. Y hoy, el Comando Solar lo reconfirmó con precisión: Ciénaga y Canal del Dique.
Yaz muy hábilmente negoció un taxi a la Ciénaga de la Virgen.
Salimos hacia allá.
El siguiente punto de la trama que comenzaba a revelarse.
Al terminar de escribir esta entrada, busqué información sobre el Hospital de La Tropa.
A diferencia de los baluartes, las baterías o los túneles, descritos con precisión en los registros coloniales, el Hospital de la Tropa no siempre aparece descrito con detalles.
Como si hubiera quedado al margen de la narrativa oficial.
Como si su función, o su lugar dentro del sistema, no hubiera sido completamente dicho.
O no pudiera serlo. Y es precisamente desde ese vacío, desde lo no documentado, lo apenas trazado, que este punto comienza a adquirir otra densidad.
Les comparto lo que encontré.
¿Qué era el Hospital de la Tropa?
Un espacio sanitario destinado a “la tropa”, los soldados rasos que protegían la fortaleza con su propia carne. Aquí llegaron los heridos en combate, los vencidos por la malaria y la fiebre amarilla, los cuerpos debilitados por el hambre, el calor, y la humedad hostil del Caribe. Aquí se practicó la medicina de ese tiempo: sangrías, ungüentos, amputaciones.
El hospital gestionaba la vulnerabilidad humana a través de los cuerpos heridos, que para muchos fue el puente entre la vida a la muerte.
Hoy, su presencia existe, aunque atenuada, tibia. El espacio sigue ahí, sosteniendo memorias que apenas se insinúan. Un video que explica la construcción del Castillo, aire acondicionado, una narrativa pedagógica tenue.
¿Cómo fue diseñado?
El hospital no fue concebido como un gesto de cuidado, sino como una pieza estratégica. El hospital hace parte del engranaje militar del Castillo de San Felipe de Barajas.
Mientras las murallas, baluartes y baterías hablaban del poder imperial de la Corona española, el hospital revelaba su contraparte inevitable: el costo humano.
Si la arquitectura defensiva buscaba resistir, contener y dominar, el hospital tenía un propósito más crudo: mantener con vida a la tropa, a quienes hacían posible la guerra.
No era bienestar, era supervivencia.
Autosuficiencia militar.
Y entonces me surge la pregunta: ¿Qué sería la fortaleza sin su tropa?
Nada.
O quizás lo que es hoy: un sitio dentro de un recorrido turístico.
O lo que fue antes: piedras abandonadas.
¿En dónde está ubicado?
El hospital ocupa un punto preciso dentro del sistema del Castillo. Está resguardado en la masa de la estructura, protegido, casi oculto. También recibe ventilación constante, incluso al mediodía, conservando una frescura inesperada.
Se encuentra cercano a los circuitos internos de circulación de cuerpos y suministros: túneles, galerías, cámaras. Es decir, en el corazón de la conectividad.
No en la cima.
No en el punto de mayor visibilidad.
Sino en donde todo converge.
Los caminos.
Donde la rigidez de la guerra se flexibilizó, aunque fuesen solo instantes, para permitir el encuentro humano.
Caminar el Castillo, y luego investigar sobre el Hospital de la Tropa, reordenó completamente mi lectura del lugar. Entendí las razones por las cuales no había logrado descifrar su geometría.
No había respetado su lógica.
La lógica militar.
Una lógica ajena, distante de mi experiencia vital.
Miré una y otra vez las imágenes aéreas, buscando patrones, intentando leer el diseño desde arriba. Pero el Castillo no se revela desde la mirada abstracta.
Cohabitan en él dos órdenes distintos: la geometría de la defensa y el eje que sostiene la vida.
La primera comienza en lo alto, en el triángulo del bonete. Desde allí desciende, rotando y adaptándose a la topografía del Cerro de San Lázaro.
Es una geometría exterior.
De control.
De anticipación.
La segunda se encuentra en el Hospital de la Tropa, el punto de máxima conectividad interna.
El eje que sostiene la vida.
El punto invisible donde todo converge… y late.
Ahí latía el Hospital de la Tropa.
Y ahí, fuera de la mirada, pero no de la memoria, ha seguido latiendo a través del tiempo. Latiendo aún sin ser plenamente reconocido. Y entonces comprendí una de las frases iniciales de la trasmisión de hoy:
“Este punto es el más olvidado.
Es el punto más… sufrido, es el punto tan menos importante
que hasta han hecho un video animado que pocos o nadie escucha”.
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