Matriz Anfibia

La Simple Instrucción: Ir a la Ciénaga de la Virgen

Tanto la conciencia del Señor Shiva como el Comando Solar habían señalado ese punto: una de las lagunas costeras más importantes del Caribe Colombiano, parte del sistema de humedales estratégicos de la región.

Mapa realizado por Narcís Bassols i Gardella.

Pero, querida lectora y compañero de viaje, lo que no era simple era… ubicar el dónde.

Porque la Ciénaga no es un punto.
Es una extensión.

Un sistema de aproximadamente 22 km², con una cuenca hidrográfica cercana a los 90 km. 

Un territorio heterogéneo, fragmentado, con tensiones y desigualdades:
– al norte: manglares que se resisten a la ocupación;
– al sur y occidente (zona baja de la cuenca): sector urbano en expansión que vierte aguas residuales sin tratamiento a la ciénaga;
– al oriente y suroriente (zona alta de la cuenca): zonas rurales con cultivos de yuca y maíz y ganadería extensiva, donde – el uso de agroquímicos y la deforestación afectan el equilibrio ecológico.

Bendecir las Aguas

Dejamos atrás el Castillo de San Felipe de Barajas. Y entramos, sin saberlo, en otro sistema.

—¿A qué parte de la Ciénaga de la Virgen quieren ir? Preguntó el taxista.
—No sé. Y era cierto. Realmente no sabía hacia dónde íbamos.

El taxi avanzó y el territorio empezó a cambiar sin avisar.
El paisaje se abrió.
Y por primera vez vimos agua a ambos lados.

—Si quiere, paro en el puente… y ustedes me dicen.
¿En el puente?
Si. Esta es la Ciénaga de La Virgen.
Algo desconcertante: yo ya la había visto. Después de decenas de viajes a Cartagena, ese espejo de agua había estado presente, especialmente en el trayecto entre la Ciudad Vieja, Los Morros y Manzanillo del Mar.

Siempre estuvo ahí.
A la vista, pero no reconocida.
Al igual que el Hospital de la Tropa. 

El puente resultó siendo el viaducto del Gran Manglar, que cruza la ciénaga como una línea suspendida. 

El taxista se orilló.
—No se pueden demorar mucho.
Pero aún no era ahí.
—Siga un poco más adelante.
Y siguió.

Todavía sobre el puente, Yazmín lo vio.

Sin saberlo, Yaz había identificado un nodo funcional. Un lugar donde convergen tres lógicas: el eje horizontal del viaducto, el borde de la ciénaga (membrana agua-tierra), y el muelle y barcas artesanales (intercambio humano-ecosistema). Foto: Carolina Trevisi

Una pequeña franja de arena junto a la ciénaga.
Un puerto mínimo.
Dos lanchas en reposo.
Tres pescadores.

—¿Qué tal allá?
Miré por la ventana del taxi.
Así como en el Castillo el punto no era la cima, aquí tampoco era el centro de la laguna. Recordé que no buscábamos entrar a una geometría, sino cantar a las aguas. 
—Vamos.
—Señor, por favor… llévenos allá.
Y por primera vez, el “dónde” comenzó a tomar forma.

El taxista se detuvo.
Nos bajamos.

El conductor nos escoltó hasta la orilla.

A ambos lados, manglares.
Y entre ellos, las huellas de lo humano: plásticos, residuos, un sofá rojo abandonado.

Caminamos hacia el muelle.

Madera vieja.
Tablas sueltas. 

Mientras observaba por dónde pisar, uno de los pescadores nos dijo:
—Camine por el centro, doña… no vaya y se caiga.

Así que caminamos por el centro.
Nos detuvimos en el centro del muelle destartalado.
Yo miré hacia el este.
Yaz hacia el sur.

Ya no estábamos en tierra firme.
Estábamos suspendidas.
Flotando en la matriz anfibia.

Y siguiendo la instrucción de Shiva cantamos a las aguas una canción escrita por Michelle Acosta Valencia.

Foto: Carolina Trevisi

I bless, I bless, I bless. (Yo bendigo)
I bless, I bless with light. (Yo bendigo con luz)

I bless, I bless, I bless. (Yo bendigo)
I bless, I bless with love. (Yo bendigo con amor)

Open your heart. (Abre tu corazón)
Open our hearts. (Abre nuestros corazones)

It’s time for ascension. (Es la hora de la asención)
It’s time for truth. (Es la hora de la verdad)
Your liberation. (Tu liberación)
The higher you. (La versión más alta de ti)

I bless, I bless, I bless. (Yo bendigo)
Amen Ptah. (Hecho está)

El primer I Bless fue una presentación.
Un gesto simple: estamos aquí.
Un permiso.


En el segundo, la ciénaga respondió.

El muelle se volvió superficie viva, un planchón que respiraba con el agua, que se movía en sincronía con el viento.
Estábamos navegando por su interior, no solo por su superficie.
La Ciénaga había levantado su velo y me permitió percibir su cuerpo etérico.

Y entonces lo sentí.

Su corazón.
Un latido rítmico, profundo, sostenido.

¡La ciénaga está viva!

Una cosa es tener el concepto de que todos los seres vivientes y sintientes están vivos, y otra, es sentir el pulso de la vida. 

Realmente estaba viva, esperando ser reconocida. Y en ese reconocimiento, algo se ajustó. No porque fuéramos especiales, sino porque estuvimos.
Porque reconocimos.
Porque bendijimos.

El tercer I Bless selló la intensión.
Esperanza.

De regreso en el taxi, el conductor nos devolvió a lo cotidiano:
– ¿Y ahora a donde las llevo?

Yaz y yo nos miramos.
Sonreímos.
No teníamos ni idea.

Entonces recordé un mensaje de WhatsApp horas antes. Oscar Mateus había investigado sobre “las aguas que no han visto la luz” y sobre los orígenes de la Ciénaga La Virgen.

De cómo la Ciénaga no está sola.
De cómo es alimentada por sistemas invisibles: los arroyos Grande, Mature y de Turbaco.
Y de un punto de origen que nos había quedado resonando: El Jardín Botánico de Turbaco.

Miramos la hora.

Demasiado tarde para ir al Jardín Botánico.
Tendría que esperar hasta mañana.

El taxista volvió a preguntar:
– ¿Entonces… a dónde?
Lo miré.– ¿La Bocana queda cerca?
– Si. Aqui al lado.
Y sin dudarlo:
– Entonces, vamos para allá.

Y así, sin plan, pero no sin dirección, arrancamos hacia la siguiente coordenada de la matriz anfibia.

Tras la Experiencia: Descifrando el Territorio

Después de escribir esta entrada sentí la necesidad de investigar sobre la Ciénaga de la Virgen: entender por qué la imagen y la noción de una «matriz anfibia» había llegado a mí con tanta naturalidad.

Mi punto de partida en la investigación se sitúa antes de la llegada de los conquistadores. ¿Por qué allí? Porque fueron ellos quienes introdujeron en este territorio una lógica esclavista a gran escala. Y porque, el llamado inicial a Cartagena de Indias fue precisamente a deshacer la rejilla de esclavitud.

Siglo XVI

A la llegada de los españoles en el siglo XVI, la bahía de Cartagena de Indias no era una línea costera fija, sino una geografía creativa: estacional, cambiante, viva. Un sistema lagunar-estuarino en permanente transformación, donde las aguas dulces del continente y las salinas del Caribe se encontraban, se mezclaban y se redefinían continuamente.

Este entrelazamiento conformó un rico mosaico de ecosistemas interdependientes:
Donde el mar avanzaba y retrocedía.
Donde los manglares mediaban entre tierra y agua, y creaban nuevos terrenos.
Donde los caños trazaban rutas entre las sabanas inundables y los fragmentos de bosque seco tropical.

Era una matriz anfibia. Y su principio organizador no era la tierra firme, sino el movimiento.

El agua no era un elemento pasivo, era el código para leer el territorio.

Era camino: infraestructura natural y vía de transporte.
Era sustento: pesca, recolección, vida.
Era defensa: barrera y protección.
Era frontera móvil, generando islas y bordes inestables, y a la vez, un sistema de conexión ecológica y cultural.

En ese entramado, aparece la Ciénaga de la Virgen, separada del Mar Caribe por la barrera arenosa de La Boquilla. Respiraba a través de aperturas intermitentes hacia el mar, renovaba nutrientes y sosteniendo un equilibrio salino dinámico que daba vida a los manglares.

El paisaje humano respondía a esta misma lógica.

Hace más de quinientos años, los Caribes que habitaron ese territorio entendieron ese lenguaje, ese ritmo.  Sus asentamientos, dispersos a lo largo del sistema hídrico, replicaban el comportamiento del agua: red en lugar de concentración, adaptación en lugar de dominio.

Antes de tener nombre, la Ciénaga de la Virgen ya respiraba.

Más que un lugar, era y sigue siendo, una condición.
Más que un cuerpo de agua,
es un sistema, un proceso dinámico de intercambio entre distintas dimensiones: hidrológica, ecológica, urbana, y sociocultural.

 
El Nombramiento

Antes de ser “de la Virgen”,
antes de ser borde urbano,
antes de ser llamada cloaca… 

fue Tesca.

Probablemente, una simplificación fonética realizada por los conquistadores de un término en las lenguas arawak o caribe que habitaban este territorio. Pero «Tesca» no es una etiqueta.  Para los pueblos indigenas nombrar no era designar un lugar, sino leerlo y transmitir ese conocimiento. 

Función: lo que hace el territorio.
Relación: cómo es adecuado habitarlo. 
Conocimiento: cómo se comporta.

En ese sentido, “Tesca” no refiere a un objeto geográfico delimitado, sino a un espacio de agua extendida, de mezcla, de transición.

Posteriormente, Tesca fue rebautizada. Y no de cualquier forma.

Fue nombrada desde lo sagrado para el orden colonial.

Una consagración.

La Morena Cartagenera: la Virgen de la Candelaria, patrona de la ciudad y de los pescadores.

La imagen, traída desde Tenerife por el dominico Fray Alonso de la Cruz, fue ubicada en la cima del cerro de La Popa, en el convento que lleva su nombre.

Desde el punto más alto de la ciudad, su presencia ofrece protección divina a Cartagena de Indias. Foto: Arquidiócesis de Cartagena.
El Primer Quiebre

En 1533, con la fundación de Cartagena de Indias por Pedro de Heredia, esa lógica aceleró su fragmentación. Se impuso otra forma de ordenar el territorio: jerárquica, extractiva, orientada al control.

Estampilla en honor al fundador de Cartagena. Imagen: Colnect.

El agua dejó de ser código y pasó a ser obstáculo.
El sistema vivo dejó de ser sentido y pasó a ser cartografiado. El territorio dejó de ser relación y pasó a ser recurso.

Las poblaciones originarias fueron desplazadas, absorbidas por el sistema colonial o diezmadas por enfermedades del “viejo mundo”. Y con ellas, no solo desaparecieron cuerpos, sino formas de leer y habitar el mundo.

Los flujos de la matriz anfibia fueron interrumpidos, y en su lugar, surgieron las líneas rectas del trazado urbano, los límites fijos (murallas, propiedad) y el control de los accesos (fortificaciones y puertos). Y así se instauró otra matriz anfibia: la del poder militar, portuario y urbano, obligada a enfrentar y dominar las condiciones naturales que organizaban la vida (humedad, calor, vegetación densa, mosquitos, y sobre todo las aguas).

Los conquistadores alteraron las dinámicas hidráulicas: drenajes, tala de manglares, consolidación de islotes, redirección de flujos. Siglos después, la construcción del Canal del Dique profundizó las transformaciones, modificando la sedimentación y salinidad de la bahía.

 

El Segundo Quiebre (1940 – 1970)

Y, aun así, la Ciénaga de la Virgen persistía.

Se mantenía como vestigio funcional del sistema lagunar–estuarino original: un cuerpo de agua que continuaba respirando entre lo dulce y lo salado, sosteniendo una alta productividad biológica y extensas coberturas de manglar.

En su memoria, permanecía escrita una lógica ecológica, fluida y relacional. Y también comenzaban a acumularse las huellas de su transformación: la conquista, la colonia y, de forma cada vez más acelerada, la expansión urbana moderna. 

El segundo gran quiebre tampoco fue súbito, sino progresivo y acumulativ0. Entre las décadas de 1940 y 1970, la Ciénaga de la Virgen fue transformada en el principal receptor de aguas residuales no tratadas de Cartagena de Indias.

En consecuencia, el agua se sobrecargó de nutrientes, perdió oxígeno y se rompió el equilibrio entre los peces y otras formas de vida.

No fue solo contaminación. Fue una reconfiguración del sistema.

Vista del Viaducto del Gran Manglar, a la altura de la zona conocida como Los Morros. Los 4.73km del anillo vial unen a Cartagena de Indias con Barranquilla. Foto: aprox. 2000.
El Tercer Quiebre (1970-1990)

Durante estas dos décadas, las obras de infraestructura causaron una ruptura hidrológica.

La ampliación del aeropuerto interrumpió conexiones naturales de las aguas. A su vez, la construcción del Anillo Vial fragmentó dunas, manglares y flujos de agua y especies. Y la urbanización turística en La Boquilla intensificó la presión sobre el borde lagunar.

Las bien intensionadas obras fragmentaron el sistema, reduciendo la conectividad entre el agua dulce y marina, alterando la salinidad, y causando una alta mortalidad de manglares. La Ciénaga perdió capacidad de autorregulación.

 

El Cuarto Quiebre (1990 – 2020)

Desde la década de 1990, el crecimiento urbano desordenado transformó de manera profunda la relación entre la ciudad y la Ciénaga de la Virgen.

Se intensificó la ocupación informal de las riberas y se consolidaron asentamientos en condiciones de alta vulnerabilidad, configurando un paisaje que refleja las dinámicas de desigualdad y exclusión en Cartagena de Indias.

A esto se sumaron rellenos ilegales que redujeron el espejo de agua, junto con la continuidad en la descarga de aguas contaminadas.

La ciénaga se redujo, se fragmentó y perdió conectividad. Sus flujos hídricos se debilitaron, y con ello, se mermó su capacidad de autorregulación, regeneración y adaptación.

Cada década exacerbó este estado de degradación, hasta el punto en que, la Ciénaga comenzó a ser nombrabda como «la cloaca».

Sin embargo, en años recientes se han realizado diagnósticos y planes de recuperación, mesas de gobernanza y reforestación de manglares. Hoy, la Ciénaga ha experimentado una recuperación parcial aunque continúan tensiones con las distitnas comunidades, usos y prácticas.

Aprendizajes & Reflexiones Finales

Después de la experiencia, y de seguir las huellas en la investigación, entendí que “matriz anfibia” no solo sonaba bonito, sino ofrece una lectura precisa de un territorio donde la ecología, la geografía y la historia se entrelazan y organiza las relaciones.

Y en esa estructura, Yaz y yo, sin saberlo, trazamos una diagonal territorial: uniendo un nodo fortificado de control terrestre (Castillo de San Felipe de Barajas) con un nodo anfibio de interfaz hídrica (Ciénaga de la Virgen).

El Castillo organiza el territorio sólido desde la forma.
La Ciénaga regula el territorio líquido desde el flujo.

Uno es un sistema cerrado, de bordes estáticos.
La otra, un sistema abierto, de bordes vivos.

Uno se eleva para defender y controlar.
La otra se expande para transformar y conectar.

Y así, sin proponérnoslo, Yaz y yo transitamos entre dos gramáticas espaciales que coexisten en Cartagena.

Dos maneras de organizar el mundo.
Dos inteligencias del territorio.

En este nodo también se superponen capas de experimentación, memorias que son progresivas en el tiempo y, con frecuencia, antagónicas.

Infraestructura natural, coherente, creadora y sostenedora de vida.
Engranaje en sistemas históricos de defensa, control y dominación.
Receptora de desechos humanos.
Vulnerabilidad, justica ecológica y social.

Podría haberlo dejado hasta ahí, ¿verdad, querido compañero de viaje? Pero… la experiencia había sido clara.

No fue todo el Castillo.
Fue el Hospital de la Tropa.

No fue toda la Ciénaga de la Virgen.
Fue ese muelle destartalado.

Dos puntos.
Dos umbrales.
Dos nodos.

Ninguno de los dos es el punto más visible. Y, sin embargo, ambos son esenciales.
No dominan.
Sostienen.  

La Ciénaga gestiona la transición:
entre el agua dulce y salada,
entre la tierra y el agua,
entre el interior y el exterior.

El Hospital de la Tropa gestionó otra transición:
entre el cuerpo que resiste y el que cede,
entre la vida y la muerte.

Y entonces lo entendí.

No habíamos recorrido dos lugares.
Habíamos activado un sistema.
Reconocido sus propios latidos y memorias.

Si el Hospital de la Tropa era el nodo invisible del cuerpo sólido, y el muelle en la Ciénaga el nodo sensible del cuerpo líquido, entonces La Bocana no podía ser otra cosa que el punto de paso. El lugar donde el sistema respira hacia afuera.

Gracias a Oscar Mateus, cuya investigación sobre las aguas subterráneas de Cartagena permitió escuchar lo que fluye bajo la superficie y reconocer las fuentes que nutren la Ciénaga de la Virgen. Y por compartir el documento “Ciénaga de la Virgen: Estudio de Hidrología y Uso del Suelo”, que abrió nuevas capas de comprensión y enriqueció la escritura de esta entrada.
Gracias a Ana María Pujana por su lectura cuidadosa que permitió pescar y corregir impresiciones iniciales.

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