La Banca

Cuando llegamos al Castillo de San Felipe de Barajas aún no sabíamos exactamente dónde debíamos ubicarnos dentro de esa arquitectura monumental. Tampoco sabíamos dónde se encontraba la rejilla de esclavitud.

Decidí no preocuparme.

Pensé que, si ya habíamos observado el mar negro durante el pico del eclipse total de luna llena en la mañana, aunque a nivel racional no tenía claro qué información había traído, haber estado en ese umbral ya nos había alineado con lo que debía ocurrir.

También habíamos presenciado la mancha de tinta negra alrededor del sol.

Además, ya estábamos aquí. 

Foto: Carolina Trevisi

Y esta vez, al menos, había intentado descifrar la geometría del Castillo. No lo había logrado, pero el ejercicio estaba hecho.

Algo terminará ocurriendo.

De alguna manera encontraríamos el lugar correcto, aunque no supiera el cómo.



Primera parada

Entramos al Castillo, Yazmín Beltrán y yo comenzamos a subir la primera rampa. La pendiente se hizo suave con pasos cortos a la diagonal, pero el aire lo sentía cargado, pesado por la historia que aun traspira en las piedras.

En el primer descanso encontramos un letrero.
Me acerqué a él como quien se acerca a una pista.

Foto: Carolina Trevisi.

Primero leí los textos de la parte superior.
Luego dejé que mi mirada descendiera hacia el mapa.
Lo recorrí lentamente, de izquierda a derecha.

Batería de la Redención.
Baterías San Carlos y los Doce Apóstoles
Hospital de la Tropa…

Me detuve.

¿Hospital de la Tropa?
¿Tropa?

Inmediatamente algo se encendió en mi memoria. La noche anterior, en el avión, había recibido aquel dictado extraño que todavía resonaba en mi cabeza:

Trompa.
Tropa.
Popa.

Tres palabras.
Tres sonidos.
Tres significados.

Y ahora, allí, justo en el primer mapa del Castillo, una de ellas aparecía escrita.
Pensé inmediatamente: Ese debe ser el lugar.

Llamé a Yaz.
Mira esto.

Ella observó el mapa apenas unos segundos.
Vamos para allá.

Y seguimos subiendo.

Decidimos avanzar con cautela. En cada descanso leíamos todos los letreros que encontrábamos. Por si nos ofrecían otra pista en el camino.

Segunda parada

Finalmente llegamos al Hospital de la Tropa, ubicado en la Batería de los 12 Apóstoles, en la parte norte del Castillo de San Felipe.

Y entonces pensé: después de días de investigación sobre el Castillo, revisando páginas web, publicaciones académicas, mapas históricos y videos, y ¿no había encontrado una sola mención de este lugar?

Ni una.

Era como si no existiera.
Como si hubiese sido omitido… borrado.

Y sin embargo ahí estaba.

Una casita pequeña, discreta… casi tierna si no fuera por el contexto y sus alrededores.
El suelo ligeramente inclinado.
Las murallas, también inclinadas.
Y muy cerca de la entrada a los túneles.

Mientras miraba el hospital, recordaba las palabras del Comando Solar:

“Las geometrías que buscas no son las que conoces…
Es una perspectiva muy limitada de la vida pensar
y buscar solo los sólidos platónicos.
Piensa, mira… la dimensionalidad del Castillo.
Ahí está la clave.
Si en Teotihuacán buscabas una línea recta, perfecta,
aquí debes pasar al segundo y al tercer plano
.

Miré el espacio.

Lo recorrí con mi vista.
Con intuición.
Pero no lograba ver la geometría.
Y, aun así, era imposible de ignorar.

No después del dictado.
No después de trompa, tropa, popa.
No era una coincidencia.

La señal estaba dada pero no la ubicación exacta. Y entonces surgió la pregunta inevitable: ¿Aquí… en dónde exactamente?

Porque no era suficiente estar en el lugar, había que encontrar el punto donde pudiéramos entrar en la geometría.

Antes de llegar al hospital, una de las bancas, ubicadas sobre la misma pendiente, había llamado mi atención.

Era simplemente una banca.  

Y, sin embargo, había algo que no supe leer en ese momento.

No nos detuvimos.

Con Yaz decidimos entrar al antiguo hospital, ahora convertido en sala audiovisual a ver una corta película sobre la historia del Castillo de San Felipe. Quizás ahí habían pautas para ubicar el sitio exacto, entender la geometría. 
Resultó siendo un gran resumen, pero sin más claves para nosotras. 

Foto: Carolina Trevisi

Luego caminamos alrededor del edificio.
Nada.
O más bien… nada evidente.

Así que seguimos.

Continuamos nuestro recorrido hasta llegar al bonete, la estructura más antigua de todo el sistema defensivo (1656–1657).
El punto más alto del Cerro San Lázaro.
Un nodo.
Un punto de observación total: 360°.

Máxima defensa.
Mínimo perímetro.

La pieza geométrica a partir de la cual se desplegó la red defensiva.

Plano del Bonete de San Lázaro de 1637. Fuente: Cartografía y Relaciones Históricas de Ultramar. Tomo V.
Tercera parada

Terrazas estratificadas.
Cada plataforma ligeramente rotada respecto a la anterior.
Un sistema fractal adaptado a escala, pendiente e hidrología del Cerro.

 

.

A simple vista, un triángulo.
Un dispositivo diseñado para eliminar ángulos muertos mediante fuego cruzado.

Un nodo radial de control con 4 ejes.
Cada uno: una línea de visión.
Cada uno: una línea de tiro.
Inteligencia.
Anticipación.
Respuesta.  

Nororiente/ Oriente.
Eje de anticipación.
Detectar amenazas antes de que entren a la ciudad y a la bahía.

Norte/ Noroeste.
Eje de contención terrestre.
Controlar invasiones desde tierra firme y desembarcos en el puerto.

Sur/ Suroeste.
Eje de negación de avance.
Bloquear aproximaciones silenciosas desde el Playón de San Lázaro, las zonas inundables y la Ciénaga.

Y finalmente, noroeste.
Eje de control de alturas rivales.
Supremacía topográfica sobre el Cerro de La Popa, el punto más alto de Cartagena.

Y allí estaba.
Frente a nosotras.
Imposible de ignorarlo.

Nos sentamos en uno de los baluartes.
Respiramos.
Cerré los ojos.
Y pregunté sin adornos: ¿Estamos en el lugar adecuado?

“No es el lugar.
El lugar es el indicado.
Bajen.
Confíen.
La conexión no es posible desde ese lugar.
Ese lugar esta fuera del eje de la rejilla.
No es posible para ustedes modificar geometrías sin hacer parte de ellas.
Bajen.
Ubíquense… y expandan sus corazones.
Las esperamos abajo”.

Así que hicimos caso.
Bajamos nuevamente al Hospital de la Tropa.

Cuarta parada

Y entonces, como si el recorrido se cerrara sobre sí mismo, volvió a aparecer la banca.
La misma.
La que me había llamado la atención desde el inicio.

Y nuevamente pasamos junto a ella.
Pero aún no nos detuvimos.

Y nuevamente decidimos rodear el hospital.
Recorrer sus cuatro lados.
Ver si algo, ahora, se revelaba distinto.

Esta vez nos sentamos en la parte de atrás del edificio, en unas escaleras.

Cerramos nuestros ojos. Respiramos.
Cantamos un par de rondas del mantra Ashnakem Letaviu Limanei Zat.
Después de un corto silencio, la respuesta llegó, sin ambigüedad:

“Están en el lugar equivocado.
Están en el lugar equivocado.
Háganse al frente.
Al frente.
Al frente”.

Abrí los ojos.

Nos miramos con Yaz y nos sonreímos.
No había mucho más que interpretar.

Después de tantas vueltas, de tantos intentos por descifrar, la indicación era radicalmente simple.
Al frente del Hospital de La Tropa.

Así que volvimos.

Y esta vez, sin rodeos, regresamos al punto inicial.

La banca.

La misma que había estado ahí desde el comienzo.
La misma que había visto… pero no había elegido.

10.4229° Norte
-75.5393° Oeste

Nos sentamos.
Y casi de inmediato comencé a recibí la información.
Lo que comenzó a revelarse en ese punto… es lo que comparto en la siguiente entrada.


Descubre más desde One Soul Atlas

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Scroll al inicio

Descubre más desde One Soul Atlas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo