Queridos compañeros de travesía, esta entrada continúa la experiencia en Chichén Itzá, iniciada en la entrada anterior (Ser Piedra).
Sentada al frente de la Pirámide de Kukulcán, yo seguía procesando la fuerza del mensaje de Shiva. Tan claro. Directo.
Abrí los ojos.
Dhyana ya no estaba frente a mí.
Minutos después regresó y se sentó.
Nos contó que mientras el Sr. Shiva daba su mensaje, comenzó a recibir la respuesta a su pregunta: ¿cómo rescatar al dragón azul?
Entonces se levantó en silencio, buscó otro lugar y grabó la información.
Hasta ahí, todo parecía normal.
Pero esa misma noche ocurrió algo extraño.
El audio desapareció. Simplemente no estaba.
Días después reapareció… incompleto. Como si solo una parte hubiera decidido quedarse para ser pública.
Gracias a Dhyana por compartir el fragmento recuperado, el cual puedes escuchar aqui o leer a continuación.
00:05 – Transmitiendo desde Arcturus.
00:11 – Yo soy una conciencia. Mi nombre es Andara. Has solicitado apoyo, has pedido ayuda y aquí la tienes. Has pedido un apoyo consciente para la liberación del dragón azul en el cenote Dos Ojos en México.
00:42 – Las conciencias elevadas de la multidimensión estamos contigo apoyándote en esta labor de liberación… que en esta ocasión muestra, al igual que sucede con los humanos, cómo en ocasiones, la esclavitud o el hecho de estar atrapados y la necesidad de ser liberados, no depende única y exclusivamente de las condiciones exteriores.
1:16 – En ocasiones los seres deciden quedarse atrapados en sus emociones, en sus miedos, en sus narrativas mentales.
1:33 – Este proceso que se ha iniciado ayer donde han intentado llevar la luz y el amor al dragón azul, no creas que ha sido infructuoso, pero toma tiempo. No podía ser una liberación inmediata como sucedió en Teotihuacán con el dragón de Thor.
2:00 – Ese dragón tenía la voluntad de ser liberado y volar.
2:06 – Sin embargo, el dragón azul ha caído muy profundo, profundo en su miedo, profundo en la oscuridad, profundo en la inercia, profundo en la desesperanza.
2:26 – El miedo es el principal limitante para todas las conciencias humanas y de allí la importancia de que ustedes puedan ver al dragón azul como un reflejo de lo que sucede con ustedes mismos. Los dragones y la humanidad están profundamente conectados en este proceso de ascensión.
2:53 – Algunos dragones que fueron encarcelados, castigados, brutalmente asesinados, sacrificados, aprendieron a temer, así como ustedes aprendieron a temer. Algunos de ellos decidieron no actuar, quedarse quietos y esconderse.
3:20 – Lo que anoche viste y decimos anoche porque era oscuro. Lo que viste en la oscuridad y que percibías como los cuerpos petrificados en piedra de los dragones, en realidad esos son… cientos y miles de dragones que quedaron allí atrapados y petrificados durante una ola de congelamiento, de petrificación que ocurrió hace milenios.
4:01 – Esa sensación de inercia le generaba un profundo miedo al dragón azul. Tenía miedo de que al salir y ser visto pudiera ocurrirle de la misma manera.
4:25 – El dragón azul está muy conectado con el niño interior, con la inocencia, con la ingenuidad y va a tomar algún tiempo que pueda reparar esa construcción que ha hecho de su percepción sobre los humanos. Hiciste bien al llamar a los delfines para que él pueda empezar a confiar, para que él pueda volver a encontrarse con su divina y sagrada esencia de la alegría, para que pueda jugar y disfrutar y así, como lo que ustedes llaman trauma, requiere un tiempo para ser sanado, así el dragón azul tiene que salir del congelamiento del temor que le ocasiona ser visto y salir al exterior.
5:33 – El dragón aún irradia su luz, le es inherente y por más miedo que tenga no se apaga.
5:45 – Sin embargo, como bien lo sabes,
si decidiera brillar,
si decidiera salir,
si decidiera confiar,
por supuesto que brillaría en todo su pleno esplendor para compartir y difundir toda su alegría en todos aquellos territorios que han sido profanados, sepultados por la crueldad humana y de otras razas, de las cuales aprendieron la crueldad, como la raza reptiliana.
Una de las pautas que le dieron a Dhyana para animar al dragón azul a tomar la decisión de salir me desconcertó por su sencillez.
Ofrecerle mermelada.
¿Mermelada?
Después de una misión intensa, cargada de agua, oscuridad y resistencia, la instrucción no fue invocar más poder.
No fue ejercer fuerza.
No fue confrontar la sombra.
Fue ofrecer dulzura.
Mermelada.
Algo hecho de fruta madura.
Algo hecho por manos humanas.
De tiempo.
De paciencia.
De azúcar que conserva y transforma.
Como si al dragón, paralizado por el miedo y la memoria del peligro, no hubiera que forzarlo sino seducirlo, recordándole el sabor de la vida.
¿Qué es una mermelada?
En portugués, el árbol de membrillo (Cydonia oblonga) se llama marmeleiro. Su fruto amarillo dorado brillante y aromático es marmelo. Y la conserva preparada con azúcar es marmelada.
En sentido estricto, una mermelada es una confitura de membrillo. Con el tiempo, el término se amplió para nombrar cualquier conserva hecha con fruta cocida y azúcar.
Su fórmula es simple:
Fruta.
Azúcar.
Fuego.
Tres elementos que, al fusionarse, crean algo nuevo.
La fruta es materia prima perecedera.
El azúcar conserva y cataliza.
El fuego transforma hasta alcanzar el punto exacto de gelificación.
Lo estacional se vuelve duradero.
La capacidad humana de transformar lo frágil en sustento.
Una relación inteligente con los ciclos de la naturaleza.
Cuidado.
¿Y el membrillo?
La palabra proviene del griego y significa “manzana de miel”, también llamado “manzana de oro”.
Crudo, tiene una textura entre manzana y pera.
Cocido, tiene un sabor, que, en mi paladar, es similar al bocadillo veleño.
Es originario de Irán, Armenia, Azerbaiyán y Turquía, donde crecía de forma silvestre.
Luego se extendió por el Mediterráneo, donde habitó jardines domésticos.
Su presencia salpica la historia:
- En la Antigua Grecia se ofrecía en bodas, asociado al culto de Afrodita, la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor.
- Fue el fruto que Paris concedió a Afrodita como premio.
- En España el membrillo con queso manchego es icónico. Y a mi me encanta!
La mermelada, entonces, no es trivial. Es símbolo de amor, de elección, de unión.
Y no, no es solo la comida favorita de Paddington, el oso peruano (técnicamente ilegal) que vive en Londres y que incluso llegó a compartir una taza de té con la Reina Isabel II durante las celebraciones del Jubileo de Platino en el año 2022.
Si Paddington prefiere la mermelada de naranja, la del dragón azul es violeta: arándanos y fresas. Ambas son alquimia.
Para el dragón azul, la mermelada es una jalea violeta que puede endulzar su olfato y su corazón. Quizás, incluso pegarse en sus bigotes.
Aquí la mermelada condensa algo más profundo:
La vibración de la alegría.
La memoria del gozo.
La dulzura que permite recordar que antes del miedo hubo radiancia.
Que antes de la herida y la soledad hubo esplendor y comunidad.
Que la vida no solo es resistencia, es disfrute.
La dulzura que permite reconocerse.
Reconocer su propia esencia.
Reconocer su propio brillo.
¿Cómo hacer mermelada para el dragón azul?
Ingredientes
1 taza de arándanos
1 taza de fresas
Jugo de medio limón
½ taza de azúcar
Preparación
- Mezcle el jugo de limón y el azúcar en una olla a fuego medio hasta que el azúcar se disuelva.
- Agregue los arándonos y las fresas.
- Cocine a fuego a medio-bajo de 40 a 60 minutos, hasta que la mezcla espese y adquiera la consistencia de mermelada.
- Deje enfriar y guarde en un frasco de vidrio en el refrigerador.
La cocción lenta es la clave.
Mientras acompañas la transformación, deja también tu dulzura.
Querido lector, querida compañera de viaje:
Si quieres apoyar al dragón azul, ofrécele tu alegría.
Tu gozo.
Tu amor.
Y si quieres… una cucharada de mermelada alquímica.
Porque a veces no se sale del miedo con fuerza.
Se sale recordando el sabor de lo dulce.
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Verdaderamente fascinante la travesía, la historia, el consejo, la receta. Gracias mil.
Gracias querida Elsa! A mi el dragón azul me produce una ternura profundísima, y me lo imagino con su mermelada y me siento muy emocionada. Abrazo!