Hanzel y Gretel de la Esclavitud

Salimos del segundo ojo de agua rumbo al Castillo de San Felipe de Barajas, bautizado en honor al rey Felipe IV. Yo seguía inquieta por el tiempo: nunca sé cuánto tardará la conexión y las tres de la tarde en el restaurante Celele comenzaban a sentirse demasiado cerca.

Me tranquilizaba que ya conocíamos el lugar exacto donde debíamos ubicarnos: la banca frente al antiguo Hospital de la Tropa. El mismo punto del día anterior.

Castillo de San Felipe de Barajas. Foto: Ecoturismo Colombia

Pero el Castillo no era el mismo.  
O quizá era yo quien ya no miraba igual.

Veníamos de sentir el pulso escondido de los ojos de agua Matapuercal y Tordecilla.

Y las palabras de Santiago Madriñán seguían resonando dentro de mí: la piedra del Castillo es porosa; debajo de esa inmensa fortaleza todavía respira el agua salada.

Lo vi distinto.
No como una construcción levantada sobre la colina San Lázaro por manos esclavizas, sino como una alianza entre tierra y mar.

Quizás querido lector y compañera de viaje se pregunte: ¿por qué agua?

Porque esa fachada llena de cavidades y desniveles armónicos, que la pátina del tiempo ha coloreado de blanco crema, beige y amarillo pálido, está hecha de piedra coralina: antiguos arrecifes fosilizados extraídos de canteras cercanas a la ciudad, como Tierra Bomba y Barú. Los españoles la utilizaron porque, recién extraída, era relativamente blanda y fácil de tallar. Después, al endurecerse con el aire y la sal, resistía al calor, la salinidad, la humedad y los fuertes vientos de la costa. Gracias a su composición porosa, amortiguaba parcialmente el impacto de los cañones.

Ahora el Castillo se me presentaba como una mole milenaria.

Mar petrificado.
Vida marina transformada en fortaleza.
Arrecifes convertidos en murallas de guerra.

Contenedor de las milenarias memorias del mar Caribe.
Recipiente de memorias de esclavitud, sufrimiento y resistencia.

Y, sin embargo, el Castillo de San Felipe está vivo.

Respira.

Respira a través de los poros de la piedra coralina.
Late, bajo la historia humana, la memoria salada de un arrecife antiguo.

Entramos y nos dirigimos a la banca. Abajo, la ciudad respiraba entre murallas, motos y bocinas lejanas.

Nos sentamos.
Y casi de inmediato la información comenzó a descender.  Puedes escuchar la trasmisión original aquí.

Yazmín Beltran, mi partner de aventura!, sentada en la banca al frente del Hospital de la Tropa
Aguas reconectadas

Sientan la brisa fresca en sus… caras, rostro.
Su amor, el de sus corazones, continúa anclado aquí.
Jasmín, Yazmin, como las flores, alrededor del Castillo, y Carolina en toda Cartagena. Trescientos sesenta grados.

Las aguas han sido reconectadas. 

Gracias por su servicio.

Ahora ya entienden porque hablamos de poros. Porque es la naturaleza misma de la piedra dejarse penetrar por el agua. Y los poros se han ampliado, se han expandido… en lo que para ustedes sería 24 horas.

 Aun es necesario más tiempo, en la medición de la tierra, para que el papel se diluya completamente. El papel es una metáfora para referirse a la rejilla de esclavitud.

Vayan, disfruten de su delicioso almuerzo. Celebren con la victoria de… no el que vence, sino el que sirve, que es al fin y al cabo, la victoria más dulce.

Vuelvan mañana a este mismo lugar.


Llamada al Grupo Aaru

Soliciten a su grupo de sacerdotisas que visualicen la rejilla completamente diluida en la sal. La sal y el agua hacen que la rejilla se descomponga.

Ellas pueden simplemente conectarse, respirar, cerrar sus ojos, visualizar un papel, un rectángulo, y ver cómo ese rectángulo sumergido en las aguas con sales subterráneas, en las aguas, en las aguas que no han visto la luz, y cómo se deslíe, como el agua penetra cada poro. Cada poro de esa pulpa que es pulpa de árbol. Y cómo va penetrando y aumentando el marco, la marca de agua, y cómo al estar completamente sumergido, el agua empieza a deshacer ese papel. Ese papel que es la geometría que sostiene, o más bien, sostuvo, que está en proceso de dejar de sostener la esclavitud para esta ciudad, para este continente.

Hay otras rejillas en otros lugares que sostienen la esclavitud en el resto del planeta, pero de eso no nos vamos a ocupar hoy. Es un ejercicio para ellas de… amor, de… rendición, de seguir instrucciones de una voz que no reconocen, de un nivel de conciencia del que nunca han sospechado. Es un ejercicio de servicio, porque el que sirve no siempre necesita saber el 100% de por qué y para qué y cómo sirve.

El servicio no está supeditado al conocimiento.
El servicio está acogido al corazón.

Y aquí de eso se trata.

Es una prueba del corazón de esas, que se llaman sacerdotisas, sacerdotisas.
Son sacer-dóciles… Son sacerdotisas.

¿O son sacer-libre?
¿En dónde escogen ubicarse?

Comando Solar, les saluda.

Hermanas, estamos orgullosas, orgullosos nosotros de su servicio. Ustedes también lo deben estar, ser, de su proceso. De dejarse sorprender con las gracias, y no es dar las gracias, son las gracias divinas.

La tarea: Ser como Hanzel y Gretel

Nosotros somos el Comando Nuclear.
Aún hay una tarea por hacer, vinculada a la… ¿cómo diríamos para que no suele violento, en los términos humanos? En la desaparición amorosa y paulatina que hace el agua sobre la rejilla… que se resiste a no ser disuelta, diluida.

Hoy, caminen, vayan a caminar, por esa la ciudad que llaman vieja. Y sean conscientes de que cada paso que dan, fortalece, fortalece, fortalece las aguas que vibran a su andar. Vayan, averigüen el museo, que les hable de esclavitud, que les hable de inquisición, y ahí las esperamos. Porque… la esclavitud no es una rejilla independiente, es una rejilla concatenada, vinculada con otras rejillas que existen, y que habitan en esta ciudad.

Rejillas muy antiguas, y otras más nuevas. O rejillas que pueden ser, entendida para ustedes, como un spin off de lo que fueron originalmente puestas. Porque ya les dijimos, esto es una misión de verdad, y si algo se ha dicho en Cartagena, es la no verdad.

Eso debe resarcirse.
Eso debe reconocerse.
Eso debe transfigurarse.

Porque cada vez que un humano reconoce su verdad más profunda, ese humano ya no podrá ser parte de un sistema esclavista. Y su sistema hoy es esclavista.

Su sistema político, su sistema económico, sus sistemas en general requieren de la sujeción del otro, del control del otro. Sus sistemas no requieren de la auto sujeción, de la búsqueda de la verdad más profunda del ser. Y, por lo tanto, requieren ir a esos lugares hoy.

Allí las esperamos.

No se preocupen si los lugares están cerrados. Las rejillas son más amplias que los lugares, y estos dejan trazos, memorias, pedazos.

Piénsense ustedes como esos niños en el cuento de Hansel y Gretel, que siguen las migajas de azúcar que en sus cuerpos causan diabetes.

Así, conviértanse hoy.

Sean niñas que caminan la Ciudad Vieja recogiendo los pedazos, las señas, the pieces, the bits and pieces (los pedazos), los terrores de azúcar que se consolida, que ancla y que fortalece, fortalecían la rejilla de esclavitud.

Ilustración de Otto Kubel (1930) de Hanzel y Gretel, un cuento de hadas escrito por los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm y publicado en 1812.
Reconocer la tierra: El cocinero y la memoria

Vayan a almorzar rico donde ese hombre que ha venido a esta tierra a reconocer.
Él no es de aquí, como ustedes.
Es de la tierra interior donde poca o menos esclavitud vivió.
Él ha venido a liberar esta tierra reconociendo los sabores, los fogones, con la lecha, con el pez, y con otras carnes de seres muertos que los humanos comen.
Y él, desde su amor, vincula, realza y da valor a eso que fue aquí antes, antes, mucho antes.
Porque en reconocer las plantas y los sabores es reconocer a quienes vivieron antes que ustedes.

Jaime Rodríguez es el chef y fundador de Celele. Él creó el restaurante junto con el proyecto de investigación gastronómica “Caribe Lab”, enfocado en rescatar ingredientes, técnicas y saberes del Caribe colombiano. Foto: El Universal.

A él le damos las gracias.
A él y a todos los que en este país cocinan recuperando su historia, su verdadera historia.


La historia de la multiplicidad de sabores, regiones, alturas, frutas, dulces, ácidos y picantes. Vayan y deleiten su paladar humano para que sientan el amor que ese hombre le ha puesto a ese lugar.

A él le damos las gracias.

A él le damos las gracias.
Porque cada persona que allí come se va lleno del amor de esta tierra Caribe, Caribe, caribeño, amoroso, amoroso, amoroso.

Mientras decía esas palabras sobre el Chef del restaurante donde teníamos reserva para almorzar, no pude sino llorar.
Lloré de sorpresa.
Lloré al reconocer la perfección.
Lloraba ante tanta belleza.

 

Una pizca de sal

Después de un tiempo continuó la información:
Derramas lágrimas, agua y sal y otras cosas más.
Era justo lo que necesitaban “a pincho of salt” (una pizca de sal) para que el proceso de dilución de esa rejilla se de por completo.
Sal, sal, sal.
Aquí la sal… no conserva.

Aquí la sal es un catalizador, un catalizador. Es… lo que en sus palabras se llama… empuja, lo que… permite dar un salto hacia la disolución.

El señor del jardín (refiriendose a Santiago Madriñan) se los dijo: estas aguas de aquí son de sal.
Sus lágrimas son de sal.

Es la coherencia necesaria para la dilución completa, completa en el campo físico y etéreo para diluir la rejilla.

Así que váyanse, disfruten.
Disfruten la humanidad.

Nos despedimos y acompañamos siempre el Comando Solar, Comando Nuclear.

Sobre el servicio

Lady Nada.

Aquí ya no hay deuda alguna.

Su servicio las ha liberado de lo que en algún momento sus almas habían escogido como un proceso de aprendizaje. 

Lady Nada. Imágen: Crystal Wind

Los procesos de aprendizaje no requieren ser… traumáticos y dolorosos. Eso hace parte de la antigua tierra, de viejas frecuencias que aún existen pero que ya no son necesarias. Es posible transmutar esas escogencias del alma en servicio.

Pero el servicio, queridos quienes me oyen, el servicio debe ser desinteresado.
Porque servicio interesado ya no es servicio.
Podría ser trabajo, podría ser ocupación.

Es transaccional.
El servicio no es transaccional.
El servicio es un acto de amor,
un acto de servicio.

Busquen.
A Carolina le gusta mucho la etimología.
Busquen qué es el servicio.
No servidumbre. Servicio.

Las acompaño y espero en estas horas que les queda en esta ciudad que hace mucho se llama Cartagena del Poniente, o del Oponente, o de Indias.
No es su nombre original.
Tampoco lo es Calamari.
Calamari es simplemente una creatividad de aquellos que vinieron del otro lado y que quisieron de alguna manera ponerle un nombre a algo que ellos no podían nombrar. Y entonces se valieron de los que aquí habitaban.
Pero no es el nombre de esta tierra.
Y los nombres tienen valor.

Los nombres tienen peso.
Descubran el nombre original de esta tierra y así entenderán el vínculo con Orión.

El espectacular interior de la nebulosa de Orión, a 1.350 años luz de la tierra. Foto: NASA (Sept. 12, 2022) con el telecospio espacial James Webb.

Los seres de Orión se regocijan ante su servicio y esperan estas horas quedan aquí con ustedes.

33
33
33

Es tres, tres.
Tres es un triángulo.
La geometría inicial de esta fortaleza. 
Refiriendose al bonete del Castillo de San Felipe, contruido en la cúspide de la colina.

Carolina, tú te preguntas ¿pero por qué se llama castillo si esto no es en realidad un castillo? Esto es una fortaleza.

Debieran pensar en llamarla lo que es. Porque un castillo es de… realeza.
De reinas.
De reyes.
De príncipes y princesas.
Y de hasta duques y archiduques, aunque algunos los asesinen. 
Refiriendose al asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria.

Eso es un castillo.

Y eso lo llaman así porque es el castillo que simboliza la esclavitud.
Seguir llamando castillo es darle peso a la esclavitud. 

El archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero de la corona del Imperio Astrohúngaro, fue asesinado junto a su esposa en Sarajevo, Bonis & Herzegovina en junio de 1914. Foto: Ferdinand Schmutzer c. 1914.

Así que de ahora en adelante refiéranse a esto como lo que es: una fortaleza.
De piedra.
No es un castillo.

No es un lugar apto para que los humanos vivan y exploren todo su potencial.
No es.

No fue pensado para eso.
No fue diseñado para eso.
No lo utilizaron para eso.
Y no lo será nunca jamás.

3.
3.
3.

Triángulo.

Una vez desecho, liberado, este punto de la tierra, de la rejilla que lo contuvo hace tantos años, será la tarea de restablecer su campo energético, su merkaba.
3.
3.
3.

El spin de este merkaba será fundamental en el cambio de esta ciudad, de esta región y de este continente.

Les diremos explicaciones, descripciones, para su entendimiento más adelante. Por ahora, váyanse a disfrutar. Sus papilas gustativas se lo agradecerán.

Gracias, gracias, gracias.
Mañana temprano vendrán.
Por ahora, váyanse a comer.

 Gracias, gracias, gracias.

Yaz y yo frente al Hospital de la Tropa. Foto: Carolina Trevisi (Marzo 4, 2:13pm).

Al finalizar la transmisión, Yaz y yo miramos el reloj.
En menos de veinticinco minutos habíamos recibido toda esta información, y eso nos daba tiempo suficiente para regresar al hotel, refrescarnos y llegar puntuales a nuestra reserva en Celele.

En el taxi repasamos las tareas.

La primera era jugar: convertirnos en Hanzel y Gretel. Debíamos seguir las migas que la esclavitud había dejado en la ciudad. El único lugar claro en este camino era el Palacio de la Inquisición. No sabíamos aún cuáles serían los otros puntos del recorrido, pero tenía la certeza de que algo aparecería en alguna IA, en Google o, simplemente, en el camino. 

La segunda tarea era más sencilla: regresar a la Fortaleza de San Felipe de Barajas al día siguiente, antes de tomar el vuelo de regreso a Bogotá. El tiempo apenas alcanzaba: ubicarnos al frente del Hospital de la Tropa, hacer brunch y salir hacia el aeropuerto.

La tercera tarea era descubrir el nombre original de esta tierra para comprender su vínculo con Orión. Investigar nombres antiguos era relativamente sencillo; internet llegaba hasta Calamarí, el registro más remoto que aparecía con claridad. Pero la conexión entre Orión y Cartagena era otra cosa: un territorio completamente desconocido y profundamente enigmático. Ya había buscado durante horas y no aparecía nada. Tampoco lo había escuchado nadie a quien consulté, incluso personas con amplia experiencia y conocimiento en estos temas.

La cuarta tarea era comprender el verdadero origen de la palabra servicio. Lady Nada ya nos había advertido algo importante: servicio no significa servidumbre.

Tras la experiencia

Querido compañero de viaje, aquí me voy concentrar en un ejercicio de entendimiento a través del significado de las palabras: servicio y Cartagena, que corresponde a las tareas 3 y 4.

La experiencia de la primera tarea, convertirnos como Hansel y Gretel, estará en la siguiente entrada.

 
¿Qué es servicio?

Para la Real Academia Española (RAE), el servicio es la acción de servir.
Pero no estamos hablando del urinal, retrete o set de cubiertos.
Ni servicio militar ni doméstico.
Ni de misas o cultos religioso.
Ni de hospitales, hoteles, plataformas digitales o servidores.

Entonces querido lector, compañera de viaje, ¿a qué clase de servicio se refería Lady Nada?

No parecía hablar de latin servitium o servicium, que indica esclavitud.
La condición jurídica del esclavo.
La dependencia frente al amo.
La servidumbre de un pueblo sometido.
El acto de obedecer y cumplir tareas para otro.

Tampoco de servus, raíz de siervo, esclavo. Según una interpretación de la Roma antigua, se refería a aquellos que eran preservados o conservados vivos después de la guerra para aprovechar su fuerza de trabajo.

Ni de servire: servir, estar al servicio de alguien.

Quizás tampoco se refería a la transformación que cristianismo medieval hizo de la palabra, cuando dejó de ser humillación y pasó a convertirse en virtud espiritual.

Siervo de Dios.
Servicio al prójimo.

No.
Había algo más antiguo detrás de esa palabra.
Algo previo al Imperio.
Previo a la Iglesia.
Previo incluso al latín.

Y allí apareció Michiel de Vaan, estudioso y prolífico autor sobre lingüística histórica indoeuropea, especialmente de las lenguas itálicas, germánicas, albanesas e indoiranias. El propone que servicio proviene del protoitálico, del cual derivan todas las lenguas itálicas conocidas.

  • Serwo: pastor, guarda
  • Serwā: observación.

Raíces que me conectan con guardar, vigilar, velar, proteger.
Todas, acciones que requieren del observar.

Y de pronto todo cambió.
Así no haya consenso académico sobre el significado de serwo y serwā.

Porque quizá el verdadero servicio no tenga relación con obedecer.
Ni con sacrificarse.
Ni con someterse.

Tal vez servicio sea, antes que nada, una forma de observar.

La atención silenciosa del pastor.
La presencia del guardián.
La conciencia de quien vela sin dominar.

No obligación.
No tributo.
No favor.

Servicio es observar.
Observar profundamente.
Observar con tal presencia que la vida pueda finalmente revelarse.

 
Tarea #4: Cinco nombres

Cinco nombres para este territorio que hoy llamamos Cartagena de Indias, o Cartagena a secas.

Su historia escrita apenas ocupa unos pocos siglos. Antes de eso hubo mareas humanas, lenguas desaparecidas, dioses desconocidos, rutas marítimas y terrestres, cementerios y memorias que no quedaron en papel.

Cinco nombres.
Cinco formas de entenderlo.
Cinco formas de narrarlo.
Cinco formas de interpretarlo.
Cinco formas de amarlo, temerlo o intentar poseerlo.

 

Calamarí y Bahía de Barú: Memoria ancestral y surgimiento del deseo de apropiación
1501 – 1533

Antes de las murallas, galeones y mapas imperiales, los pueblos indígenas, mocaná y caribe, reconocían que la bahía era un organismo vivo, y que el territorio era una relación, no una propiedad privada. Algo de eso alcanzó a sobrevivir en los registros coloniales: Calamarí o Kalamarí. Más que significado, ha sido interpretado como la “tierra de cangrejos”, el “lugar abundante en camarones y crustáceos”, o el “pueblo junto al mar fértil en mariscos”.

Lo humano emerge de la madre.

Y al mismo tiempo, los primeros exploradores españoles observaron la costa y comenzaron a nombrarla bahía o golfo. El territorio entra en la conciencia del conquistador, en su lógica imperial de clasificación, cartografía y apropiación.

 

Cartagena del Poniente: Memoria y sujeción
1533

El nombre completo oficial utilizado en la fundación de la ciudad por Pedro de Heredía.

Aquí hay nombre y apellido:
Nombre: Cartagena.
Apellido: del Poniente.
Y ambas llevan su propio peso.

Nombre: Cartagena.
Inspirada en la ciudad del mismo nombre en el sueste de España, sobre la costa del mar Mediterráneo, en la actual región de Murcia.

Durante la colonia fue un puerto militar y comercial estratégico del Imperio español en el Mediterráneo. Este territorio fue fundado por los cartagineses alrededor del año 227 a.C. con el nombre fenicio de Qart Hadasht (Nueva Ciudad), luego fue llamada por los romanos Cartago Nova (Cartago Nueva).

La palabra “Cartagena” contiene las capas, los sedimentos y el peso de siglos de ocupación del mediterráneo: de los fenicios sobre los pueblos íberos, de los cartagineses sobre los antiguos asentamientos costeros, de los romanos sobre Cartago, de los visigodos sobre el mundo romano, de los musulmanes sobre la Hispania visigoda, y de los reinos cristianos españoles sobre Al-Ándalus.

Y ese peso fue traslado a 7.942km para construir otra “nueva” ciudad: Cartagena del Poniente.

Cartagena como memoria imperial del Mediterráneo sobre el Caribe. Ambas ciudades orientadas al agua y al movimiento. Espacios liminales: llegada, partida, intercambio, tránsito, transformación. Siempre abiertos, tienen la capacidad de contener opuestos: riqueza y esclavitud, apertura y encierro, belleza y violencia, sensualidad y guerra.

Apellido: De Poniente.
Significa del occidente.
Del oeste con respecto a la madre patria: España. Y entonces el territorio existe y adquiere su importancia por su referencia a Europa. La intensión fue diferenciarla de Cartagena de Levante en la península ibérica.

Y así las dos Cartagenas quedaron vinculadas durante la colonia.

Conectadas con el imaginario de una bahía que vigilaba lo valioso para la corona Española: el Mediterráneo, el Caribe y a las riquezas de América.
Compartieron arquitectura militar, función naval y una identidad profundamente ligada al mar y la guerra imperial.

Simbólicamente, tanto el nombre como el apellido parecen privilegiar la energía masculina en la sombra: estrategia, comercio, expansión, control y poder.

 

Cartagena de Indias
Mediados Siglo 16 – actualidad

Consolidada como joya colonial del Nuevo Mundo, la ciudad pasó a llamarse Cartagena de Indias. No la India Asiática sino las indias occidentales, la consolidación donde galeones, mercados, rezos, cadenas y resistencias humanas convergían dentro de las murallas.

 

“La Heroica»
Después de hambrunas, asedios y ataques imperiales, nació otro nombre. Un nombre emocional que no describe una geografía sino una memoria: la ciudad que sobrevivió hasta convertir el sufrimiento en identidad y la resistencia en símbolo eterno del Caribe.

Cartagena ya no es solamente puerto imperial, enclave comercial y ciudad estratégica que carga con su dolor histórico: el trauma es fuente de identidad y orgullo nacional.

 

Los nombres nunca son inocentes.
Cada nombre dejó una capa.
Ninguno borró completamente al anterior.

Quizá por eso la ciudad produce la sensación de contener muchas ciudades al mismo tiempo:
la indígena,
la marítima,
la imperial,
la africana,
la amurallada,
la mística,
la turística,
la herida,
la resistente.

Y debajo de todas ellas continúa respirando la bahía.

Como si el agua recordara incluso aquello que los archivos olvidaron.


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