Hoy es el día de la entrega del huevo.
Llegamos al helipuerto.
Subimos al globo.
El ascenso fue suave, silencioso. La ciudad sagrada se extendía debajo de nosotras, rodeada por montañas quietas, mientras el sol nacía lentamente detrás del horizonte. Era un flotar delicado sobre una arquitectura monumental.
El sol siguió derramando sus códigos dorados sobre nosotras y sobre todos los seres del valle. Los absorbí a través de mis ojos y las palmas de mis manos.
Desde los 420 metros de altura, la mirada del halcón se volvió posible, esta vez con mis ojos físicos. Y entonces lo vi: la tarjeta madre. Y ese instante se hizo épico: mis lágrimas de gratitud brotaron sin esfuerzo.
Ayer, desde el nivel de la tierra, percibí la Pirámide del Sol como una inmensa nave espacial de piedra. Hoy, desde el aire, su forma se reveló como un artefacto vivo: un conector entre el cielo y el subsuelo, el centro geométrico de Teotihuacán, su corazón palpitante.
Todo encajó de forma sencilla y profunda. Para bombear energía a todo el sistema se requiere una estructura adecuada, un sistema altamente eficaz: la pirámide escalonada más maciza, alta, voluminosa y robusta. Un corazón de piedra, vivo, pulsante.
Y entonces surgió otra pregunta, casi inevitable:
¿cómo sería la estructura de esa tarjeta madre debajo de la tierra?
¿Agua, túneles, cámaras, metales conectando puntos y nodos?
¿Un entramado oculto que soporta el pulso del circuito?
Qué regalo fue poder ver desde el aire el recorrido del día anterior y, por fin, ubicar en el territorio el punto de encuentro.
Lo que ayer parecía confuso, fragmentado y lleno de dudas, hoy se consolidó como un trazo preciso dentro del gran diseño de la tarjeta madre. Desde la altura, cada paso del día anterior adquiría sentido.
Ahora sí, ya estábamos listas.
El punto de encuentro había sido plenamente identificado.
Los códigos solares ingresados al huevo del dragón.
Y un nuevo dragón liberado.
Todo estaba en su lugar.
La tarea, por fin, podría cumplirse.
Nos dirigimos a la Zona Arqueológica.
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Esta espectacular! Gracias Carito
Gracias Adri por leerme! Seguimos aquí en la jugada. Abrazos!
Que relato tan emocionante. Gracias Caro por hacernos parte de esta aventura tan trascendental. Gracias por saber escuchar e interpretar, todos los mensajes que recibes, al igual a Michelle. Cosas maravillosas vendrán y ustedes son las encargadas de hacer que pasen.
Gracias a ti, Albita por leerme! En esta ocasión, literalmente tuve que sentarme a estudiar un par de horas, quizás recordar lo que algún día me contaron en las clases de geometría. Volver a lo más básico: seguir instrucciones, al punto, y a la línea. Feliz de haber seguido la corazonada de que era un punto exacto, y más maravillada aún, de haberlo descubierto. Yo misma me sorprendo cada vez, más! abrazo grande 🙂