¿Querido lector, querida lectora: qué le ocurre a su cuerpo cuando escucha la palabra tantra?
¿Qué imagen, o sombra, aparece en su mente?
El propósito de hoy parecía sencillo: visitar templos tántricos. Santuarios donde la arquitectura sagrada se alza sobre nudos geomagnéticos. Territorios liminales (cuevas, riberas, crematorios, bosques profundos, montañas), umbrales donde el velo se adelgaza, y lo sagrado, a través del Divino Femenino, se hace más tangible.
Y sí, los visitamos.
A media tarde, llegamos al último punto del recorrido en la Cordillera Vindhya, dedicado a Ashtabhuja Devi.
En Sanskrito:
-ashta: ocho
-bhuja: brazos
-devi: diosa o madre
La diosa de los ocho brazos, una manifestación de la diosa Durga, expresión de Shakti (energía femenina primordial).
Todo era familiar: colores vibrantes, devoción palpitante, el sincrónico movimiento entre devotos y sacerdotes, mantras, campanas, humo de incienso subiendo en espirales.
El combo esperado.
Crucé la puerta angosta que conducía a la pequeña cueva. El dintel me obligó a inclinarme, a arrodillarme, a rendirme para poder entrar. Tras un par de pasos, en el altar, el sacerdote (Pandit) me guío con el corto ritual. Mire acá, ponga sus manos a ese lado, incline su cabeza y al final, un mantra.
Busqué un lugar para sentarme. Solo cabían dos personas. Estaba a punto de salir cuando, en la esquina izquierda, un hombre se levantó como si hubiese oído una señal.
Me acerqué.
El sacerdote me ofreció un tapete rojo, desgastado por tantas horas nalga de peregrinos y devotos.
Me senté.
Cerré los ojos…
Y en ese instante, la consciencia de la diosa Ashtabhuja me dio la bienvenida.
Pura dulzura.
Así, sin más, cómo si hubiese levantado un velo, recordé esta colina verde, viva, jugosa, con vegetación tupida y bajita, repleta de flores, como una especie de jardín silvestre. En ese entonces, hace miles de años, la luz era cristalina y fresca. También había un lago, estanque o un rio con agua estelar, viva, traslúcida, donde nos bañábamos con frecuencia. Allí recibíamos los códigos solares y la sabiduría de la luna.
Veníamos a esta cueva a hacer el amor, a experimentar, a crecer.
Este es un lugar en el que muchas almas se encontraron por primera vez, un santuario donde muchos aprendimos y practicamos las artes amatorias. En aquel tiempo, no eran ni ocultas ni prohibidas, solo honradas como profundamente sagradas. Un camino de consciencia a través del cuerpo.
Cueva del amor.
Cueva de los amantes amados, de los orgasmos cósmicos.
Cueva de los amantes, de las caricias, de la seducción, del placer, del gozo.
La cueva donde solo existe el amor.
El amor divino más humano.
La consciencia Ashtabhuja Devi me reveló que muchos no pudieron, o sintieron que no pudieron, culminar su amor en aquel entonces. Por eso, a lo largo de los siglos, se han buscado, encontrado y vuelto a perder. Y para muchos, quizás sea también su caso querido(a) compañero(a) de viaje, esta vida le ofreció, le brinda o le dará esa oportunidad: la de experimental ese amor a plenitud. Para concluirlo, no para finalizarlo, sino para elevarlo y expandirlo a su expresión más alta. Lo que Ashtabhuja nombró como:
Amarse crudamente (raw). (Raw, en inglés: crudo, sin procesar, en su forma más pura, tierna, franca y desnuda).
Raw loving.
Raw love.
Si llegasen a encontrar frente a frente a esa alma, Ashtabhuja Devi ofreció una instrucción más:
Acompañense en el camino, siempre que cada uno haga su tarea.
El camino es juntos, de verdades, de acciones.
El camino se hace.
Sanar no es una tarea solitaria. Es una tarea de los dos.
Hagan la tarea mutua, de sanarse, para amarse crudamente (raw).
Después de un largo silenciao, la diosa Ashtabhuja me reveló los hilos de luz que conectan su cueva con la cueva-hogar de la pareja real Sita y Rama durante su exilio de 14 años en el bosque (hoy, la ciudad de Nashik).
En esa cueva no solo se refugiaron. Allí también hicieron el amor, la unión divina entre el Príncipe de linaje solar (Rama) y la consorte de su corazón (Sita, nacida de la diosa Madre Tierra).
El mismo amor que impulsó al príncipe Rama a cruzar el subcontinente indio y a atravesar el puente hacia Sri Lanka para rescatar a su amada de las manos del demonio Ravana. Y así, la unión entre el Divino Masculino encarnado en Rama y el Divino Femenino manifestado por Sita retornan en armonía a Ayodhya, la antigua capital del reino de Kosala. El retorno a casa señala la unión alquímica entre Shiva y Shakti, la disolución de la dualidad y el restablecimiento de la unidad.
Silencio.
Y entonces, la diosa Ashtabhuja finalizó su transmisión con esta última instrucción:
Se memoria viva del tantra, del genuino, del verdadero.
Se tantra andante.
Se el gozo… Camina, camina.
Sigue tu camino, ya conoces el comienzo y… el fin. Aquí o allá. El fin igual que el comienzo, el fin, comienza otro comienzo.
Abrí los ojos.
Percibí el caminito que dejaron las lágrimas secas sobre mis mejillas, y sentí mi corazón expandido. ¡Cuanto amor! ¡Cuánta gracia!
Le pregunté al sacerdote: ¿Cerca de acá hay algún lago o un rio?
Si, claro, me contestó inmediatamente. La madre Ganges está a 2 kilómetros de aquí.
Reflexiones posteriores
Ya en el hotel, transcribiendo la transmisión, comencé a escribir lo vivido hoy. Investigué un poco más y descubrí que:
- El Templo Ashtabhuja Devi queda justo en el punto donde convergen 3 líneas o corrientes energéticas del subcontinente indio. No es casualidad. Cada corriente fluye con su propia vibración y dirección, y es representada por una diosa:
- Una corriente de transformación en dirección norte-sur, representada por las diosas Kali y Chamunda (Chakra: raíz – fuego alquímico).
- Una energía protectora en diagonal que conecta otras líneas de la diosa en el centro de la India. Su vibración está representada por la diosa Durga (Chakra: corazón – compasión).
- Una línea de energía nutritiva que corre de este a oeste siguiendo el pulso del rio Ganges hacia Varanasi. Representadas por las diosas Anapurma y Lakshmi (Chakra: plexo solar y alto corazón – alimento, prosperidad) .
Tres corrientes energéticas. Tres direcciones. Tres diosas. La triple unión que forma un nodo energético, un vórtice para la evolución de la conciencia. Tecnología espiritual.
- Reconocí nuevamente a los dragones, no como seres alados, sino como una serpiente de energía Shakti que asciende por la Cordillera Vindhya. Al llegar al Templo de la diosa Ashtabhuja, la serpiente cambia su movimiento, se expande en forma espiral (uno de los predilectos por los dragones). No es solo una forma geométrica, es un código.
3. Comprendí que la conexión entre la diosa Ashtabhuja y el Ramayama es más profunda, viva y sagrada.
El poema épico narra la vida del príncipe Rama (avatar de Vishnu), de su esposa Sita (encarnación de Lakshmi), de su hermano Lakshmana y Hanuman. Es un viaje iniciático: exilio, bosque, pruebas, secuestro, guerra y retorno al reino de Ayodhya.
- Cuando el demonio Ravana intenta matar a Sita en el bosque, ella ora a la Diosa. ¿Y adivinen quien acude a ella? La diosa Ashtabhuja. Ella es la protectora de Sita, de su pureza, su integridad y su vida durante todo el cautiverio y estadía en Sri Lanka.
- Antes de la batalla final con Ravana, Rama busca la bendición de Durga. Adivinen: ¿Quién es esa Durga protectora y guerrera, que empuña las armas sagradas? Ashtabhuja Devi. Ella es la guía espiritual del avatar.
4. A las orillas del rio Ganges en Vindhyachal, se encuentra el Sita Kund, el estanque sagrado de Sita. Está a solo 10 minutos en carro del Templo de Ashtabhuja Devi.
La leyenda dice que la piscina fue hecha por Rama para su amada consorte, para que ella pudiera bañarse durante los años en exilio. ¡Cómo el amor construye santuarios!
Se dice que sus aguas son curativas, sanadoras y purificadoras. Un espejo de Sita, de su pureza, resistencia y gracia.
5. Finalmente, encontré una frase atribuida a Yogi Bhajan sobre Ashtabhuja Devi:
“Eres la dadora, el nacimiento de las ocho facetas:
cuatro lados, encima, debajo, tiempo y espacio, ocho”
“You are the giver, the birth of all eight facets:
four sides, the top, the bottom, time and space, eight”.
Ocho brazos.
Ocho objetos simbólicos.
Ocho dimensiones.
Entonces comprendí que la diosa no solo es el eje desde donde se crea y sostiene la realidad, sino el principio mismo que organiza el espacio y el tiempo.
En ese instante todo hizo sentido. Un nuevo giro de la espiral de consciencia.
Fue una iteración de lo vivido en mi viaje por Romania, Serbia y Eslovenia:
el regreso al centro, el tiempo del no-tiempo, el ouroboros, el Lemascara. Un punto sin regreso que comenzó cuando crucé la Puerta Alquímica en Roma, la noche del 10 de septiembre de 2025.
Y entonces, la travesía continua.
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