Después de tomarme el cacaito y Yaz su agua con gas, retomamos el camino hacia las bóvedas que nos había mencionado el boliviano que encontramos a los pies de la escultura de Simón Bolívar en el parque que lleva su nombre. Caminamos con esa extraña mezcla de curiosidad y expectativa porqué después de la experiencia en el Palacio de la Inquisición, ¿qué mas podría pasar?
Siendo las 9:20pm, llegamos a nuestra sexta y última miga, como Hansel y Gretel, en este recorrido por las huellas de la esclavitud en la Ciudad Vieja de la Cartagena del Cristo.
Las puertas de los almacenes estaban cerradas. Nos acercamos al vendedor de dulces y a la mujer que descansaba a su lado. Nos contaron que aguardaban a los últimos visitantes de la noche y que llevaban muchos años trabajando en aquel lugar, viendo pasar generaciones enteras bajo los mismos muros de piedra.
Después de aquella breve conversación, comenzamos a recorrer la larga galería en silencio, avanzando bóveda por bóveda, desde la número 1 hasta la 23. Cada paso parecía abrir un eco antiguo, como si las paredes todavía conservaran la memoria de quienes alguna vez caminaron allí. Pero no sentimos ni miedo, solo una especie de vacio y silencio.
Y fue en medio de ese tránsito donde encontramos dos letreros que revelaban fragmentos de la historia de aquel lugar:
También encontramos un restaurante español abierto que nos permitió tener una idea de cómo erán las bóvedas por dentro:
Todas las bóvedas parecían idénticas.
Todas, excepto la número 21.
Era más grande.
Y además, al sumar sus cifras, daba 3.
El tres comenzaba a perseguirnos.
O quizás a guiarnos.
Tres días en Cartagena.
Treinta y tres mil pesos costaba la entrada a la Fortaleza de San Felipe de Barajas.
Y tres veces regresaríamos a ella.
Entonces interpreté que esa era el lugar.
De pie al frente de la Bóveda 21, respiré.
Tomé mi celular y capturé la coordenada en la cual estaba:
Lo tomé como una confirmación más.
Y muy prontamente comenzó a descender la información:
Ser Reconocimiento
Presencia, reconocer a todos los seres que entraron aquí y quizás nunca salieron.
Reconocer que este fue un lugar de esclavos, de esclavizados, enfermos… Gestionado menos que las bestias.
Sufrimiento, dolor, tortura… añoranza por la tierra que los vio nacer.
Aquí la tarea es presencia, reconocer que algún día estos calabozos fueron llenos de seres humanos. Que no eran vistos ni tratados como humanos.
Eso es suficiente para que escribas y dejes testimonio de lo que la República ha decidido ocultar a los ojos plenos, al sol pleno.
La historia no comienza con la República, es anterior.
Reconocer, reconocer y reconocer.
Reconocer de algún modo es liberar a la memoria colectiva de esas almas que aquí transcurrieron su existencia.
Re-co-no-cer.
Ser reconocimiento.
Observarlo con compasión.
Comprender.
Entender.
No desde la mente, sino desde el corazón.
Y en la presencia de ustedes, transmitan.
No requiere nada sino su presencia.
Gracias por haber venido hasta aquí.
Este es el fin de su tarea por hoy.
Pueden irse a descansar, a bailar.
Ya han cumplido por hoy.
Mañana les esperamos en la fortificación (Refiriendose a la Fortificación de San Felipe de Barajas).
Sus… «fellow» sacerdotisas vienen haciendo la invitación. Cada vez la rejilla es más porosa, diluida, diluyéndose en la agua salada, salubre, salubre, salubre, salubre, salubre, salubre.
Salubre no solo de sal.
Salubre de salud.
Salubre de vida.
De vida nueva.
Vida.
Vida, vida y más vida.
Vida para ser vivida en libertad.
Pues la libertad es libre.
Libre para ser vivida.
Buenos días, siempre, aunque noches sean ahí en ese espacio y tiempo actual en el planeta Tierra. Gracias.
Les saluda Comando Solar.
Comando Nuclear.
Cohortes de dragones negros presentes, firmes.
Nosotros los dragones negros acompañamos esta misión. Fuimos invitados por Carolina.
Aquí estamos, firmes.
Acompañamos al Cristo en su misión.
Primer bastión de amor en América del Sur.
Presentes.
Ya se pueden ir, caminen tranquiles por las calles de Cartagena del Cristo.
Les saluda, les ama y les bendice.
Yaz y el Llamado de la Tierra
Yazmin, tu tiempo también llegará en el que la Tierra a ti también te llame.
Los caminos las separarán y las unirán. Porque un maestro es maestro al servicio. Y el servicio se une y se aleja, se une y se aleja.
No es una lejanía de separación, sino de multiplicación.
Cada maestro debe seguir su propio camino, debe hacer su propio servicio. No es una despedida, es simplemente un reconocimiento a tu proceso.
Aguarda, sigue, acompaña, camina.
Fortalece, fortalece tu conexión con la fuente. Es la fuente, fuente de todos que nos permite guiar a esta hermana a quien tú has decidido acompañar.
Santander, Colombia
Hay muchos caminos por recorrer en Santander.
Santander, que es la tierra de ustedes, les llama, pide su presencia.
Recibirán nuevas instrucciones en San-tander,
San-tan-der,
San-tan-der,
San-tan-der que se conecta con Cartagena por el río que ustedes ya vieron, por el Canal del Dique.
Donde se une el mar y se une el río Magdalena.
El río Magdalena funciona como una arteria, digamos, aorta, como ustedes la llaman en el cuerpo de Colombia. Es… la arteria principal, la arteria fundamental.
Y lo que ustedes han hecho hoy ya ha comenzado a filtrarse por esa arteria.
El cambio es ineludible.
El cambio ya no se puede ni se debe parar.
Cuando las aguas entran en un nuevo proceso de conciencia vibratoria, nuevas geometrías se conforman.
Y esas nuevas geometrías entran a la tierra, a los alimentos, a los cuerpos de perros y vacas y cerdos y caballos y humanos. Y entra el agua a todos los cuerpos de los seres vivientes y sintientes. Y así entonces el cambio ya es, ya es, ya está.
Estudien el río Magdalena, comprendan esta arteria que es la aorta. Y el función, la función que tiene para este cuerpo que se llama Colombia, la tierra donde ustedes decidieron encarnar en esta experiencia.
No es casualidad, río Magdalena, dos océanos, dos océanos, dos océanos, dos océanos. Puerta de Sudamérica, dos océanos, dos océanos, dos océanos, dos océanos, dos océanos, dos océanos, dos océanos.
Instrucciones para la Fortaleza de San Felipe
Ahora, refuerce el radio del campo de su corazón. Yazmín, quédate alrededor del Castillo, extiéndelo una cuadra a la redonda. Carolina, extiende proporcionalmente hasta donde estuvieron hoy a la redonda (refiriéndose a Turbaco, a los dos ojos de agua), cubriendo todas las áreas a la redonda donde han pisado sus pasos, y las han llevado sus piernas, y las ha llevado el motor de su corazón.
Mañana, en el mar, sumérjanse, para diluir, terminar de diluir la geometría que se está diluyendo, fragmentando, suavemente, delicadamente, amorosamente. El servicio de sus hermanas, las sacerdotizas, ha sido visto y sentido, les damos las gracias.
Por favor, entiendan que no es necesario ir a todos los lugares, habrán momentos en que unas van y otras vienen, pero el apoyo de la hermandad real es el servicio y todos los ejercicios y las acciones hechas en conciencia, son altamente eficaces en sus misiones, apóyense ustedes las unas, los unos, a los otros. Dejen el miedo de pedir apoyo… son una red, una nueva red de conciencia. Están para servirse los unos a los otros.
Bosnia, de mi Corazón
Michelle (Acosta Valencia): la red solo se fortalecerá.
Pronto recibirás instrucciones para Bosnia, ese es una misión muy importante, es importante prepararse para Bosnia, ya te diremos cómo, por qué y para qué.
Quienes decidan ir, estarán haciendo al igual que los anteriores (retiros), un gran servicio planetario.
Será un gran trampolín de conciencia, octavas, más octavas, más octavas, más octavas, saltos y saltos en octavas.
Hermanas váyanse, caminen con alegría.
Gracias, gracias, gracias.
Maestro Ascendido: Pedro Claver
Me despido de ustedes, aquí conocido en esta tierra como San Pedro Claver, yo que di mi vida por estos esclavos, yo me esclavicé. Y ahora dos mujeres chiquitas sin vestiduras, han logrado con su amor y su corazón comenzar la dilución pausada, lenta, de esa rejilla que llamamos esclavitud.
Yo no soy un maestro ascendido conocido, pero también caminé la tierra, esa tierra que ustedes caminan y he acompañado todo su viaje aquí en Cartagena.
Honro sus pasos.
Gracias por hacer realidad el sueño de un humano hace cientos de años atrás. Es mucho, medido en tiempos humanos, pero en tiempos de perspectiva, del tiempo del no tiempo, es solo una fracción, que no es una fracción de tiempo, sino existente en este momento, ahora.
Gracias, gracias, gracias.
Y después de haber atravesado siete migas de la esclavitud, mi deseo era por chocolate. Pero esta vez, no un cacaito caliente, sino convertido en cobertura oscura y brillante de un helado.
Y así Yaz, la más complaciente, me acompañó a entregarme a ese antojo.
Nuestra noche terminó casi a la medianoche, comiendo helado, mientras Cartagena respiraba lento bajo el calor y las luces tibias de sus murallas.
Tras la Experiencia
Les comparto dos reflexiones al finalizar de escribir esta entrada.
¿Con R o con L: Claver o clavel?
En la primera versión de esta entrada cometí un pequeño “error de dedo”: escribí clavel en lugar de Claver. Fue mi querida Ana María Pujana quien me lo hizo notar. Lo corregí y eso abrió una puerta inesperada. Me pregunté qué significado escondía el apellido del maestro ascendido que hoy reconocemos: San Pedro Claver.
El apellido Claver parece tener raíces tanto españolas como escocesas. Sin embargo, me incliné por su origen hispánico, pues coincide con la procedencia del jesuita. Los estudiosos señalan que este apellido nació en el Reino de Aragón, territorio que entonces abarcaba Cataluña y Valencia.
Claver proviene del latín clavis: llave.
También se relaciona con el francés antiguo clavier: custodio de las llaves.
El “claver” era quien custodiaba las llaves de castillos, monasterios, archivos, tesoros y cajas reales.
No un sirviente cualquiera.
Era un hombre de confianza.
El guardián que aquello que contenía valor, secretos y poder.
Y quizás por eso el nombre resuena con fuerza. Porque Pedro Claver dedicó su vida a abrir puertas invisibles en medio de la oscuridad de la colonia y la conquista española.
Puertas de dignidad.
Puertas de compasión.
Y entonces apareció el otro nombre: clavel
El clavel es una flor ornamental del género Dianthus, reconocida por sus pétalos dentados, su perfume intenso y su sorprendente duración después de ser cortada.
Belleza resistente.
En Japón se asocia al respeto, la gratitud y el cuidado materno.
Y en Portugal, después de la Revolución del Clavel, esta flor se convirtió en símbolo nacional de libertad, resistencia pacífica y dignidad popular.
La palabra clavel parece provenir del latín clavellus, diminutivo de clavus: pequeño clavo, clavija o punta metálica.
Algunos creen que el nombre nació por la semejanza entre la forma del clavo y la flor. Otros dicen que proviene de su aroma, parecido al del clavo de olor, tan apreciado durante la Edad Media.
Y aunque sé que su apellido es Claver… debo admitir que a mí me gusta más Clavel.
Clavel de cuidado.
Clavel de dignidad.
Clavel de libertad.
Así que hoy le ofrezco esa flor a esa conciencia que nos custodió durante nuestra travesía como Hansel y Gretel por las migas de la esclavitud por la Ciudad Vieja.
Una ofrenda a la vibración de su corazón.
Querido lector y compañera de viaje: para mí seguirá siendo, confianzudamente: San Pedro Clavel.
Bóvedas
Una bóveda es una estructura curva que cubre un espacio: la prolongación tridimensional de un arco. Para nosotros hoy puede ser algo común pero antes de su invención miles de años antes de Cristo, se empleaban vigas de madera horizontales, las cuales se terminaban doblando por el peso del techo. La bóveda desvía las cargas hacia los lados y hacia abajo (muros, pilares).
Dicen los expertos que la palabra bóveda es una deformación romance del latín volvita, una antigua raíz asociada a lo curvo, a aquello que se gira y envuelve. Piedra doblada sobre sí misma para proteger, ocultar o resistir.
Su origen se remonta a Mesopotamia (actualmente Irak y partes de Siria, Turquía e Irán).
Hace 4.000 años los sumerios, acadios y babilonios experimentar con ladrillos de adobe colocados en disposición curva para crear bóvedas de cañon, túneles cubiertos, drenajes subterráneos, almacenes y hasta tumbas.
Siglos después, los romanos perfeccionaron la bóveda de cañón utilizando hormigón y arcos. Más tarde, durante la Edad Media, la moda se volcó hacia las bóvedas de crucería y las tabicadas, elevando aquellas estructuras a dimensiones casi sagradas.
Pero las bóvedas de Cartagena guardaban otra memoria.
Las 23 bóvedas de medio cañón y sus 47 arcos de medio punto fueron la última gran obra militar de la colonia en la ciudad. Y para nosotras, también fueron la última miga en aquel camino de la esclavitud.
No hay coincidencias.
Como ocurre en tantos lugares de Cartagena, el tiempo transformó el uso de las bóvedas.
1792 – 1798
Nacieron para alojar las tropas españolas y almacenar municiones y suministros. También protegía un tramo vulnerable de las murallas, entre los baluartes de Santa Catalina y Santa Clara.
También tenía una función defensiva. Fue diseñada a prueba de bombas, las troneras abiertas hacia el mar permitían vigilar y defender la costa, y la plataforma superior estaba preparada para soportar artillería. Todo en ellas hablaba de guerra, control y vigilancia.
1800
Durante las guerras de independencia sus celdas se utilizaron para encarcelar a personajes ilustres y a líderes independentista como el general Francisco de Paula Santander y Antonio Nariño.
1900 – 1950
Fue el depósito para la Industria Licorera del departamento de Bolivar. Y ahí comenzó su adaptación comercial, ofreciendo su espacio a galerías de arte y tiendas de souvenirs.
1950 – actualidad
Se consolida como espacio turístico.
Gracias a Yamín Beltrán por grabar la experiencia.
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