En el trayecto en taxi de La Bocana al Canal del Dique algo en mí se replegó hacia adentro. Recliné la cabeza hacia atrás y caí suavemente en un sueño profundo.
Desperté justo cuando íbamos llegando al Puente de Barú, ese umbral suspendido que une a Cartagena de Indias, capital del departamento de Bolívar, con la Isla de Barú en el caribe colombiano.
Fue preciso.
Como si la conciencia supiera esperar el umbral.
Nuestro taxista, Edgar, sugirió que nos parqueáramos debajo del puente, justo donde, antes de que existiera esa estructura, él y su familia cruzaba en planchón.
Nos bajamos del carro.
Nos acercamos al agua.
Y entonces reconocimos esas aguas, sus flujos.
Porque no han sido neutros.
Ni tampoco lo sentí libre.
Artefacto histórico.
Desvío.
Circulación de mercancías y cuerpos.
Comunidades ribereñas.
Yaz y yo bendecimos las aguas que corren por el Canal del Dique.
El puente arriba.
La corriente abajo.
Y nosotras, por un momento, en medio.
No fui, ni soy, consciente de los secretos de Cartagena, pero algo había sido tocado.
No desde la comprensión, sino desde la vibración de la tarea cumplida.
Y siendo las cinco de la tarde, emprendimos nuestro regreso a Cartagena bajo un atardecer abierto y luminoso.
La luz caía sobre el camino como un velo suave. Sin esfuerzo y sin muchas palabras, se hacía clara la agenda del día siguiente: ir al Jardín Botánico «Guillermo Piñeres» y luego regresar el Castillo de San Felipe.
Querida lectora, querido compañero de viaje:
Habitualmente, después de cada experiencia, me tomo el tiempo de investigar el lugar en el que estuvimos, revisar referencias y profundizar en las señales o instrucciones recibidas. Sin embargo, esta vez he decidido no hacerlo.
La dimensión y complejidad de lo que representa el Canal del Dique, en relación con Cartagena de Indias, la Ciénaga de la Virgen y Santander (tierra de origen de Yaz y mía), y su vínculo con la esclavitud, merecen una exploración más pausada y profunda.
Hay algo que en este momento pesa más.
Desde febrero, de forma reiterada, en transmisiones y canalizaciones, he recibido un mensaje claro: dejar registradas todas las experiencias en One Soul Atlas y compartir los audios en el canal de YouTube antes de mi próximo viaje, previsto para la primera semana de junio.
Por eso, elijo ser fiel a ese llamado ahora, y confiar en que el tiempo para investigar y comprender más a fondo llegará después.
Gracias por acompañar este proceso con apertura y comprensión.
Descubre más desde One Soul Atlas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
