Una de las instrucciones para la misión a Cartagena apunta a lo esencial: el agua (H₂O). Sustancia y elemento que sostiene la vida en nuestro planeta.
El mensaje del Comando Solar y el Comando Nuclear fue directo, aunque no evidente: encontrar “el origen de las aguas” de la Ciénaga de la Virgen.
En la ciénaga grande… busquen el origen de esas aguas…
Por eso la misión en Cartagena tiene que ver con agua.
El agua que recorre todos los espacios.
El agua que nutre.
El agua subterránea.
¿Cuál es el agua más pura?
¿Cuál es el agua que está más conectada con la frecuencia del planeta?
Es el agua que no ha visto la luz.
Quizás querido compañero de viaje ya se esté preguntando: ¿qué tiene que ver el Jardín Botánico “Guillermo Piñeres” (JBGP) en todo esto? ¿Si ni siquiera está en Cartagena de Indias?
La respuesta es incómoda para la lógica… pero precisa para la búsqueda: todo.
Fue Oscar Mateus quien abrió esa puerta. La noche que llegamos a Cartagena de Indias él identificó algo clave: los orígenes de la Ciénaga están en las serranías cercanas, en flujos que nacen en municipios como Turbaco, Villanueva y Santa Rosa. Y ayer, la pista se precisó: uno de esos hilos de vida nace en el Jardín Botánico en el municipio de Turbaco.
El Jardín no era un desvío.
Era una clave.
Así que el plan para nuestro segundo día en Cartagena era claro.
Salir de la ciudad hacia Turbaco.
Encontrar esa agua escondida bajo la tierra en el Jardín Botánico.
Regresar a Cartagena e ir directamente al Castillo de San Felipe de Barajas.
Y, cerrar el día en el restaurante Celele, a las 3:30 en punto. Un antojo de hace años.
Una ruta precisa.
Un ritmo definido.
Pero la ciudad, como siempre, tenía su propio ritmo.
A la salida, el movimiento se volvió densidad.
Luego, inmovilidad.
Un trancón espeso.
Miraba la hora.
Calculaba.
Recalculaba
Y siempre llegaba a la misma conclusión: seguir en el camino… y confiar.
A las 9:30 llegamos. En la taquilla, sin rodeos, hice la única pregunta que importaba: ¿Aquí hay un ojo de agua?
Si, doña, me respondió.
Emocionada le pregunté: ¿Por dónde queda? ¿Podemos subir de una vez?
No. ¿Se debe hacer un tour primero?
¿Un Tour? Automáticamente pensé: ¡uy que pereza!. Verá querido lector(a), yo evito a toda costa los tours genéricos. Prefiero explorar por mi cuenta. Y más hoy, que sentía la presión del tiempo.
Respire. Pregunté: ¿Y entonces cuando comienza el próximo tour?
Ya baja la chica que los hace.
Y así me adentré en el ritmo caribeño. Pensé: que pereza esto, pero pues… ya estoy aquí así que voy a jugar a ser turista, voy a pretender que nunca he ido a un jardín botánico y que no tenemos ningún afán.
Al poco tiempo apareció nuestra guía. Bajamos por un camino rodeado de árboles grandes que nos brindaron su sombra y frescura. Y pasamos por un estanque de agua cristalina. ¿Esta agua vendrá del nacedero que estamos buscando?
El recorrido es una especie de popurrí botánico, con colecciones curadas acompañadas de una narrativa que invita al descubrimiento. Científicamente correcto con la cercanía del swing caribeño.
Al poco tiempo de comenzar la ruta captó mi atención las casas de las abejas: hexágonos de madera.
Y no sé por qué.
Y ahora, mientras escribo, todo parece casi obvio. Era el mismo patrón de los panales de abejas. Ese entramado perfecto creado por la naturaleza, que hoy aprendí que se llama teselado hexagonal.
Luego, los lotos.
Inesperados. Abiertos.
Se sentían felices de habitar esas aguas cristalinas.
Y más adelante, llegando a la colección de los cactus, un guardián del Jardín: elegantísimo, con corbatín, que nos acompañó en silencio hasta finalizar el recorrido.
Al terminar la visita guiada, que no fue tortuosa sino ligera y tranquila, volví a la pregunta inicial: ¿Y el ojo de agua?
La guía levantó la mano y señaló hacia la parte alta de la loma.
Allá.
Hizo una pausa breve, y dijo: pero hay bastantes mosquitos… ¿trajeron repelente?
Yaz y yo nos miramos, sabiendo que ninguna había pensado en eso. Y le respondí: No… pero igual tenemos que subir.
La guía asintió y continuó: además, es arriba… bien arriba.
No sé si nos vio los cachetes colorados y la sudoración excesiva que delataba que no éramos de la zona. Yo simplemente pensé, ¿será que, si alcanzaremos a subir, hacer lo que corresponde, y seguir con todo el itinerario?
La miré de nuevo y respondí: Igual vamos a subir.
Yaz le preguntó: ¿Nos puedes mostrar el camino? Ya después nos devolvemos.
Ella dulcemente accedió.
Claro, es por aquí.
Dejamos atrás el jardín organizado, las etiquetas, los senderos, y la narrativa, y entramos en otra lógica: el remanente de bosque seco tropical.
Más tupido.
Más húmedo.
Donde el latido del Jardín se sentía con mayor fuerza.
Subimos acompañadas por el susurro del agua que bordeada el camino.
Y entonces, sin anuncio, llegamos.
Ahí está, dijo.
Pero yo, no lo veía.
El ojo de agua estaba oculto, protegido por la misma vida que lo rodeaba. Tuvimos que acercarnos, asomarnos tras las hojas de palmeras caídas.
Y entonces apareció.
Un punto de origen.
Un brote silencioso.
Agua naciendo desde lo profundo, sin espectáculo.
Nos sentamos.
Sin prisa, por primera vez en el día.
Bendecimos las aguas.
Y luego bajó esta información:
1:32 – Las aguas, bienvenidas hermanas a estas aguas, a este que llaman los humanos de esta tierra ojo de agua, quizás más ombligo, ombligo de agua en el sistema ecosistémico ampliado de la Laguna, llamada hoy de la Virgen.
Han llegado hasta ahí, han hecho bien. Los otros puntos estratégicos que conservan la Laguna de la Virgen también deberán (ser) visitados, no ustedes, con otras personas.
Inviten, vengan, vengan a cantar las aguas.
Vengan a bendecir las aguas.
Vengan a reconocerse en las aguas profundas de esta tierra.
Inviten, convoquen y traigan, traigan corazones, traigan voces a las que ustedes llaman sacerdotisas y no sacerdotisas. El peso, el poder no está en el nombre, está en el corazón. Traigan muchos a cantar.
Ubiquen las coordenadas.
El hombre Matías, Matías, Matías (refiriéndose a Oscar Mateus), él les guiará. Es su guardián a la distancia en esta misión. Le saludamos, le agradecemos y le bendecimos. Hermano, gracias.
3:50 – Ustedes pueden estar pensando, solo llegamos a uno de los lugares, no va a ser suficiente, faltan cuatro más. Esa es la lógica humana.
Y sí, hay cuatro más, pero la conectividad de las aguas, el nivel, la profundidad y la interconexión aún escapa la comprensión de los humanos.
No se preocupen, ya están ahí.
Ya cantaron con sus voces y bendijeron esa tierra con su presencia, con sus pasos, con dejarse sorprender.
Aun siendo de esa tierra del sur de América, donde esta vegetación exuberante les es parecida, inclusive hasta cotidiana, se dejaron sorprender. Esa es la actitud que permite el gozo, que permite mantener la llama viva de la curiosidad, del aprendizaje y del servicio.
Geometria de la Nueva Tierra
5:46 – Les saluda Comando Solar.
El punto donde están deben registrarlo. Registren cada uno de los puntos a los que van. Carolina, recuerda el mapa, el mapa con los puntos.
Mapear los puntos es ir construyendo la nueva geometría. Es fundamental.
6:23 – La geometría que estás trazando es única. Única no porque sea la primera vez que se realiza, pero sí en el plano, en el planeta llamado Tierra. Es algo así, como lo que ustedes llaman, disruptivo. Quizás los que son polimath o alguien experto en la teoría de la geometría se sorprenderá y la estudiarán. Para eso necesita ser registrada y dibujada.
Puntos.
Puntos de visita.
Puntos de anclaje.
Puntos de activación.
Así verán la nueva geometría.
7:41 – Comando Nuclear les saluda.
¿Por qué les pedimos ir a las aguas más potentes, las que aún no han visto la luz? Porque nosotros en el Comando Nuclear trabajamos en la oscuridad, en lo que a lo que los humanos le huyen, la oscuridad. En la oscuridad, que luego es transformada en agua y vida pura, está el poder.
8:13 – Transformar, en el proceso ya de transformación de la Tierra, requiere de ir a la profundidad y la profundidad en su planeta es oscura.
Las aguas subterráneas no ven la luz.
Las aguas más profundas de sus bellos océanos, aún polucionados, no ven la luz.
Sus órganos, su estómago, su ombligo, sus intestinos, inclusive su hermoso corazón, tampoco ve la luz. Entonces lo profundo de su corazón tampoco ve la luz.
¿Cuál entonces es la obsesión de los seres humanos en la luz? Si para alcanzar la luz, eso que ustedes llaman la iluminación, requiere de ir a las profundidades de la oscuridad.
9:14 – Por eso están ahí. Haber cantado hoy, haber bendecido con su presencia hoy, es haber entrado en la profundidad de esas aguas sagradas, que no han visto aún la luz.
Entonces entramos en un silencio que, en ese momento, sentí largo, aunque fue menos de un minuto. Y fue durante ese silencio que entré al centro del centro de la oscura profundidad del Ojo de Agua El Matapuercal.
Todo era negro, pero no era el negro plano de una cartulina ni de un fondo inmóvil. Era un negro rico, vivo y al mismo tiempo, sereno.
De pronto apareceió un hexágono, trazado con una fina línea de oro plasmático.
Y justo después de percibir la forma, el hexágono se duplicó así mismo por cada uno de sus seis caras de manera simulatanea. Luego volvió a expandirse.
Y otra vez. Hasta que vi con claridad una estructura de panal de abejas desplegándose ante mí. Sentí cómo aquel teselado hexagonal de oro se extendía a través de las aguas.
Y de repente, los hexágonos se comenzaron a replegar rápidamente sobre si mismos. Y en un instante apareció la proporción aúrea suspendida en la negrura de las aguas: dorada como la miel, oro líquido pulsando vida, y expandiéndose lentamente dentro de mi campo de visión, aun con los ojos cerrados.
Y allí se detuvo por un instante para permitirme apreciar esa magnificencia.
El baile de los hexágonos y el cierre magistral de la proporción aúrea fue tan abrumadoramente bello, tan perfecto y tan puro, que solo brotaron apresuarados gruesos lagrimones.
Y mientras las lágrimas corrían inevitablemente por mi cara, la conciencia regresó diciendo:
9:54 – Rediagramando estructura del ojo interno, profundizando, ampliando, restableciendo la conexión con todos los otros túneles, conexiones, ojos de agua subterránea de la zona.
10:22 – Comunicación restablecida.
10:32 – Nuevos canales trazados.
Nuevas geometrías implantadas en el corazón del ojo que no se ve.
10:53 – Geometrías plasmáticas de oro… hexágonos.
11:10 – Perfección. Perfección. Perfección.
11:21 – Estructura de panal consolidada.
11:41 – Recomposición molecular del agua.
11:50 – Molécula ascendida.
Ascensión. Ascensión vibratoria.
Calibración, calibración, calibrado.
Recalibración del cuerpo físico
12:45 – Sus cuerpos también están siendo recalibrados, sus aguas recalibradas, permitan.
15:27- Yazmin, no resistas el movimiento. Permite la calibración.
16:53 – Recalibrando medula espinal, fluido, medula espinal.
Ascendiendo, ascendiendo fluido, revitalizado, fluido, rejuvenecimiento, rejuvenecido… ascendido.
Atlas, ascendido.
Cavidad craneal.
Calibrando, calibrando fluidos… calibrando espacios intracraneales, calibrando.
18:26 – Intercostales.
18:40 – Recalibrada la visión. Ojos, lágrimas.
Glándulas salivales… saliva.
Garganta, tiroides, nódulos.
Plasma, plasma, plasma… recalibradas bombas, corazón, ventrículo izquierdo.
20:02 -Páncreas, hígado.
Riñones.
Vaso.
Sistema nervioso central recalibrado.
Sistema autónomo en calibración.
20:48 – Sistema periférico circulatorio calibrado.
Ganglios, suprarrenales…mucosas… recalibradas.
21:41- Esta recalibración les facilitará hacer sus cuerpos más fuertes, más resistentes. Es una especie de rejuvenecimiento, ni siquiera se puede contar en edad, es a nivel profundo del funcionamiento de sus cuerpos físicos.
22:24 – Tomen mucha agua hoy, sin sal. Ya no necesitan tomar sal.
Escuchen, observen sus cuerpos, tomen nota de los cambios que observarán.
23:11 -los médicos pleyadianos las saludamos, gracias por permitirnos a experimentar estas técnicas en seres humanos. Experimentación exitosa, completa, profunda, lograda, gracias.
24:01 – Sus vehículos han sido perfeccionados, gracias, hermanas. Ahora continúen su camino.
24:22 – Lady Nada les saluda. Les he acompañado en su camino hasta ahora, ya no necesitan más de mi protección completa y constante. Continúen su misión, les esperaré allí, vayan al Castillo, vayan al Castillo ahora… Así es hermanas, cerramos aquí, nos vemos en el Castillo. Gracias, gracias, gracias.
(25:47) Yo soy el guardián de este lugar, bendigo su presencia y ustedes la mía, la de nosotros, cuenten, cuenten, cuenten de este lugar para que sean más los humanos que vienen a reconocerse en la espléndida, en lo espléndido que aquí habita.
Gracias, continúen su camino.
Y con gratitud, nos despedimos de este lugar. Y comenzamos a bajar.
Aun maravillada de cómo habíamos llegado hasta ahí y con la nueva información sobre los otros nacederos, se me ocurrió insinuarle a Yaz que preguntáramos por un nombre, teléfono o correo de alguien que nos pudiera ayudar a identificar su ubicación.
Yo estaba sofocada y necesitaba refrescarme. Al salir del baño, para mi gran sorpresa, Yaz ya había logrado contactar a Santiago Madriñán, director del Jardín Botánico.
La conversación fue breve y reveladora.
Le conté, a grandes rasgos, qué estábamos haciendo en Cartagena y él confirmó, sin saber lo que había ocurrido arriba, la información que acabábamos de recibir:
– Efectivamente existen tres ojos de agua en esa zona: Matapuercal (el del JBGP), otro muy cercano, y un tercero que fue tapado durante la construcción de la carretera entre Cartagena y Turbaco.
– Son nacederos milenarios.
– Debajo del Castillo de San Felipe hay agua salada.
Después de escucharlo, mi pregunta fue inmediata: ¿Y qué tan lejos está el otro ojo de agua?
Cerca, respondió.
¿Qué tan cerca?
Y entonces, para mi absoluto asombro, Santiago dijo: Aquí al lado, a cinco minutos en carro.
Miré a Yaz en silencio.
Ya íbamos tarde. Teníamos que regresar a Cartagena, llegar al Castillo de San Felipe de Barajas y llegar a nuestra reserva a las tres de la tarde en el restaurante. Pero también estábamos a diez minutos de otro nacedero milenario, de otra agua subterránea.
Diez minutos.
Después de todo lo que había ocurrido arriba en El Matapuercal, esa frase cayó como un llamado imposible de ignorar.
Miré a Yaz.
¿Vamos?
Yaz ni siquiera dudó.
¡Vamos!
En la próxima entrada les contaré lo que encontramos.
Mientras tanto les invito a que sigan al Jardín en Facebook y conozcan más de la biodiversidad del Caribe Colombiano, y se enamoren de las maravillas que produce y sostiene esa tierra. ¡Las fotos son hermosísimas!
Y si pasan por Cartegena de Indias, regálense medio día para conocer ese híbrido entre jardín, reserva natural, santuario de agua y colección científica viva. Y si llegan hasta allí, aprovechen para cantar y bendecir las aguas subterráneas que alimentan la Ciénaga de La Virgen.
Esta joya está ubicada en el kilómetro 9 de la Autopista I-90 de Cartagena a Turbaco, sector Matute en Turbaco, aproximadamente 1 hora de Cartagena. Uber y Didi ofrecen el servicio. ¡Nosotras tomamos Uber y fue perfecto!
Tras la experiencia: ¿Quién es Guillermo Piñeres?
No encontré al hombre. Quizás fue un finquero costeño ilustrado.
Pero sí encontré la razón por la cual el Jardín Botánico lleva su nombre.
El Jardín Botánico “Guillermo Piñeres” nació del amor.
Sí, del amor profundo y visionario de una mujer: María Jiménez de Piñeres.
Del amor por su esposo fallecido: Guillermo Piñeres.
Del amor por su tierra: el Caribe colombiano.
Del amor por un territorio frágil y en peligro: el bosque seco tropical.
Un amor que quiso recordar.
Pero, sobre todo, un amor que quiso cuidar ese “monte” que muchos despreciaban.
Un amor que desde la intuición sabía de la intima relación entre el “monte” y las aguas.
Doña María donó la Hacienda Matute para convertirla en un territorio consagrado a la conservación. Para 1978, el JBGP abrió sus puertas al público con el respaldo del Banco de la República.
Desde entonces, durante casi cinco décadas, este refugio ha sido más que un jardín. Ha sido aula abierta, laboratorio natural, santuario de flora, y lo que nadie parece mencionar: guardian silencioso del ecosistema hídrico de la región. Hoy es un referente en conservación de bosque seco tropical y miembro de la red nacional de jardines botánicos.
No encontré una sola fotografía de la filántropa y visionaria. Ni siquiera después de pedirle a ChatGPT que rastreara todos los registros y archivos. Y, sin embargo, su presencia permanece.
Está en el herbario que lleva su nombre, una de las colecciones botánicas más importantes de la región.
Está en la sombra fresca de los árboles que siguen respirando gracias a aquella decisión.
Y quizás nunca sabremos si Doña María sabía que al preservar ese fragmento de su hacienda, también estaba ayudando a mantener viva la Ciénaga de la Virgen y, de alguna manera, a proteger el equilibrio mismo de Cartagena de Indias.
Porque este jardín no solo conserva plantas.
Conserva memoria.
Conserva agua.
Conserva vida.
Porque este jardín todavía conmemora.
Todavía cuida el territorio más allá de sus linderos.
Todavía preserva a través de la educación e investigación.
Gracias a Santiago Madriñan por recibirnos y guiarnos hacia el segundo ojo de agua en Turbaco. Santiago, phD en Botánica de la Universidad de Harvard, docente de la Universidad de Los Andes, científico e investigador, fue galardonado en el 2023 con el Premio Marsh para la Conservación Internacional de Plantas.
Gracias también a Carlos Carvajal, mi acupunturista, quien dos días antes de viajar a Cartagena me sugirió preguntarle a Oscar Mateus sobre las aguas subterráneas. Su experiencia en zonas de buceo en el Caribe ofrecería una lectura profunda. Oscar tampoco era un desconocido, pues había hecho parte del grupo con el que Yaz y yo viajamos a Perú en enero de 2026.
Gracias a Oscar Mateus por su disposición, generosidad e investigación, la cual fue central para haber llegado al Jardín Botánico.
Descubre más desde One Soul Atlas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
