Tinta Negra en Cartagena

Dormimos apenas unas horas.

Antes del amanecer salimos del hotel.
Cruzamos la calle y ya estábamos en la playa.

La ciudad aún dormía. Cartagena a esa hora tiene una quietud extraña, casi suspendida.

No se escuchaban voces.
Ni música.
Ni el ruido habitual del tráfico.

Solo el ritmo constante del mar.

Nos acercamos a la orilla.

A la izquierda del espolón vi el agua gris azul, opaca.
Al girar a mi derecha, entonces lo vi.

Foto: Carolina Trevisi (Marzo 3, 2026, 5:58am)

El Caribe era negro.
Negro profundo y perfecto.
Como tinta negra en movimiento.
Oscuro.
Cósmico.

En un instante, para mí, el mar perdió su identidad.
Nunca había visto el mar negro.

No marrón.
No azul oscuro.
No gris.

Negro.
Pero no era un mar muerto.

Caminamos hacia la mitad del espolón y nos sentamos a observar el agua.

En silencio.
Con la mirada fija en el mar.
Así vivimos el pico del eclipse.

Atendiendo la instrucción recibida el pasado 26 de febrero:

En el reflejo… de la luna… la información del agua está la clave.

Foto Carolina Trevisi (Marzo 3, 2026 - 6:26am)

Después giramos ligeramente hacia el este.
Esta vez para mirar el gran astro ascender.

Latitud: 10° 26′ 16″ Norte
Longitud: 75° 32′ 10″ Oeste
Elevación: 0 metros sobre el nivel del mar.

Recibimos su luz directamente en las pupilas, y también en palmas de las manos.

Primero, cuatro haces de luz que parecían surgir del sol.
Una cruz.
No la del sufrimiento.

Luego la proyección del sol a su alrededor.
Como si bailara.

Intentaba no parpadear.
Entonces apareció un aro azul alrededor del sol.
Se difuminó.

Y de pronto un halo negro, como nunca había visto. Una mancha de tinta negra que se expandía lentamente por el cielo.

Lo sentí potente y diáfano a la vez.

Yaz también la vio.

Negro el mar.
Negro alrededor del sol.

Negro.

Negro como las pieles de los africanos que, siglos atrás, fueron traídos a Cartagena.
Negro como los grilletes que intentaron someter sus cuerpos.

Y también negro como la resistencia.
Una resistencia no violenta, que se gestaba en la periferia, allí donde el poder de la ortodoxia católica no alcanzaba a controlar:
en los rituales nocturnos,
en las cocinas y en los patios de las casas, y
en los palenques (comunidades de esclavos furtivos que recreaban su vida en el borde del imperio.

Como es arriba es abajo.

Arriba: el Sol rodeado de sombras negras.
Abajo: el Caribe transformado en tinta negra.

Dos espejos enfrentados.

Y entre ambos: el mundo suspendido en un umbral de luz.
Y nosotras allí, en medio de ese umbral.

Permanecimos unos minutos más en silencio.

Luego, cruzamos la calle y regresamos al hotel.

Aún era temprano y yo me sentía cansada. La idea era reposar antes de salir para el Castillo de San Felipe. Sin embargo, la siesta breve se alargó. Yaz me vio completamente fundida y decidió dejarme dormir.
Gracias Yaz, lo necesitaba!

Foto: Carolina Trevisi (Marzo 3, 2026 -10:55am)

Poco antes de las once de mañana llegamos a la base del Cerro San Lázaro, donde hoy se ubica la taquilla y la entrada al Castillo.

Frente a nosotras se alzaba la inmensa fortificación, construida entre los siglos 17 y 18 para defender a la ciudad-puerto de Cartagena de Indias.

El Castillo 

Este video, comisionado por la Sociedad de Obras Públicas de Cartagena resume la compleja historia del Castillo.


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