Querido compañero de viaje: después del zoom sobre Kamakhya, continuo este relato desde la sala de espera en el aeropuerto en Bogotá.
Sala de espera
Mientras esperamos el vuelo, Yazmín Beltran y yo aprovechamos el tiempo para releer la información sobre Cartagena de Indias. Y entonces me llamó la atención esta frase de Lady Nada:
“En el reflejo… de la luna… en la información del agua está la clave”.
Esta vez la frase tenía otro peso. Aunque ya sabía que el 3 de marzo tendríamos un eclipse total lunar, no había unido el fenómeno celeste con la instrucción de Lady Nada. La luna roja comenzaría en la madrugada (3:44 am) y terminaría a las 6:17 am, con su punto máximo a las 6:14 am.
La decisión fue clara y unánime: a las cinco y media de la mañana estaríamos en la playa, esperando el momento exacto del eclipse. Después iríamos al Castillo de San Felipe de Barajas.
Un detalle clave: aún no había descifrado la geometría del Castillo. La enorme fortaleza cubre prácticamente toda la colina de San Lázaro. Murallas, baluartes escalonados, kilómetros de túneles y explanadas defensivas se extienden por más de 20 hectáreas.
Sin esa clave geométrica, ¿cómo elegiríamos el punto correcto?
Llamaron a sala de abordaje.
Subimos al avión solo veinte personas.
Algo extremadamente inusual para esta ruta.
Aproveché para escribir hasta que la batería del portátil se agotó. Pensé que lo mejor sería descansar los ojos.
Recline la cabeza.
Alivio.
Había pasado muy poco tiempo cuando comencé a escuchar palabras, como un dictado:
Trompa
Trompa
Tropa.
Trompa.
Recuerda, cada uno, servicio.
Hora del servicio.
Servicio.
Dique.
Servicio.
Disponibilidad. Disponibilidad.
Rompapopa.
La popa.
La popa.
La popa. Popa. La popa.
Popa. Popa.
Tro-pa.
Tro-pa.
Sentí que era una instrucción para el día siguiente.
Pero el mensaje seguía siendo confuso.
¿Tendríamos que incluir al Cerro de la Popa en nuestro itinerario?
¿Qué tendría que ver la geometría del Castillo de San Felipe con este Cerro?
Aterrizamos en Cartagena de Indias, a orillas del Mar Caribe. Durante la conquista y colonia española, fue uno de los puertos más importantes. De aquí partieron enormes riquezas (oro, plata, mercancía) hacia Europa para sostener el afán conquistador de la monarquia católica
Para proteger estas riquezas, la Corona construyó uno de los sistemas defensivos más grandes de América, incluyendo el Castillo de San Felipe de Barajas. Una arquitectura que funcionaba como defensa militar contra las potencias europeas, y a su vez, protegía el sistema económico colonial.
Pero Cartagena también fue otra cosa.
Más siniestra.
Más poderosa.
Bastión de esclavitud.
Fragmentación. Tortura. Mutilación.
Personas como propiedad legal.
Durante los siglos 16 y 18, fue uno de los puertos principales del tráfico esclavista. Miles de hombres, mujeres y niños de África occidental y central fueron desembarcados en este puerto antes de ser distribuidos por todo el continente.
Cartagena también fue sede del fanatismo religioso, hecho política y aparato de Estado a través del Tribunal de la Inquisición para el Nuevo Reino de Granada y el Caribe, establecido en 1610.
Cartagena no solo administró riquezas sino control y miedo para preservar el orden imperial.
El mecanismo de operación: vigilancia social, denuncia, sospecha, proceso judicial, castigo.
Los delitos perseguidos: herejía, blasfemia, supersticiones y prácticas mágicas o hechicería (brujos, curanderos, hierbateros), y judaizantes (judios conversos que practicaban su religión).
Grupos vulnerables: los portadores de creencias reprochables (esclavos), las portadoras del pecado (mujeres) y minorías religiosas.
Tres lugares.
Tres poderes.
Tres funciones.
El puerto: poder económico para extraer la riqueza y mover cuerpos y así financiar al imperio.
La inquisición: poder moral y religioso para la vigilancia espiritual y el disciplinamiento social.
El Castillo: poder militar para defender el sistema colonial.
Y hoy, después de haber venido decenas de veces, por primera vez, esa Cartagena y yo nos miramos de frente.
Reconozco que me duele.
Siento el dolor aún no trasmutado de quienes experimentaron una de las expresiones más expremas de la no-libertad.
Quizás esa sea la razón por la cual Cartegena nunca me ha seducido del todo.
Hay ciudades que me enamoran de inmediato.
Otras que me exigen comprenderlas primero.
Quizás no para quererlas, sino para reconocerlas.
La noche ya había caído sobre la ciudad.
Bella: si. Y también el momento en que se llenan los burdeles, se hace más evidente la prostitución infantil, el consumo de drogas, y las manos invisibles de los carteles de trata de personas y de narcotráfico.
Camino hacia el hotel
Yaz y yo escuchamos la grabación de la información recibida en el avión. La calidad del audio era baja y resultaba difícil reconstruir frases completas. Sin embargo, logramos identificar tres palabras sueltas, en orden de aparición: trompa, tropa y popa.
Llegamos al hotel.
Y sin saberlo, quedaba justo frente al mar.
Cansadas, y con pocas horas para descansar.
Dormimos.
Exploración etimológica
Después de escribir la experiencia, comencé a explorar la etimología de estas tres palabras que comparten una matriz fonética muy similar. Los sonidos –ompa y -opa son graves y redondos: evocan cavidades, aperturas, espacios desde donde algo sale o se proyecta algo.
Además, trompa y tropa comparten la misma raíz griega: tropos, que significa giro, cambio de dirección o movimiento. De esa misma raíz deriva, por ejemplo: trópico, el lugar donde el sol gira en el cielo. Y nosotras estábamos en el trópico.
Las tres palabras parecen conformar una matriz de sonido que parece describir distintos aspectos de un mismo fenómeno.
Trompa
Instrumento de viento metal que produce sonido por la vibración del aire en los labios.
Aliento. Soplo.
Y curiosamente, también existe el trompa o trompo, un juguete de madera con punta metálica que gira sobre sí mismo.
Bailar como un trompo.
También puede significar llamado: una señal que anuncia algo importante.
En la historia, las trompas y trompetas han servido para convocar tropas, iniciar batallas, anunciar sentencias o marcar momentos sagrados como el comienzo de un jubileo.
La trompa también es canal o conducto.
En el cuerpo humano: las trompas de Falopio o de Eustaquio.
Beso.
Enojado o malhumorado.
En animales: la probóscide del elefante, mono narigudo, colibrí, mosquito, mariposa. El conjunto de nariz y boca. Hocico.
Y curiosamente, también existe el trompa o trompo, un juguete de madera con punta metálica que gira sobre sí mismo.
Y el dicho, «bailar como un trompo».
Tropa
Un grupo o conjunto organizado de individuos que comparten un fin común.
Una fuerza colectiva en movimiento.
Energía coordinada para la acción.
Batallón. Cuadrilla. Pandilla.
Como las muchas que hubieron en Cartagena de Indias.
Popa
La parte trasera de un barco.
Desde allí se marca la dirección del desplazamiento y se observa la estela que el barco deja al avanzar.
Huella del movimiento.
La similitud del Cerro de la Popa con esta parte del barco llevó a los españoles a bautizar el cerro de Cartagena de Indias.
Las tres palabras parecían compartir un mismo hilo conductor: movimiento.
Mecanismo de propagación de la energía.
Un proceso.
Una forma de mover algo invisible.
Quizá ese sea el flujo de lo que llamamos “misión” (por falta de una palabra que me guste más) a Cartagena de Indias:
trompa → tropa → popa
Una concatenación en el trópico para la transformación.
La trompa: el llamado.
La señal sonora que anuncia que algo comienza.
La tropa: la energía que responde.
La fuerza que se moviliza.
La popa: la estela del desplazamiento.
La huella de la transformación.
Entonces comprendí algo simple: la estela de un barco solo aparece cuando el barco ya ha pasado.
Quizás todo esto sea una sobre interpretación.
Tres palabras escuchadas en un audio deficiente.
Trompa. Tropa. Popa.
Desde el sexto piso miraba al Caribe.
Parecía inmóvil, pero nunca lo está.
Entonces recordé las palabras:
“En el reflejo… de la luna… en la información del agua está la clave”.
La luna roja llegaría en pocas horas.
Y quizás las tres palabras no eran un mensaje para entender.
Quizás ya habíamos entrado en él.
Tal vez, cuando el eclipse total de luna toque el agua del Caribe, no tendremos que descifrar nada.
Solo mirar el mar.
Permitir.
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