Antes de salir para la Zona Arqueológica leí varias veces la instrucción que el pleyadiano Aran Ka del Comando Solar nos dio el 18 de diciembre de 2026, a través de Michelle Acosta:
… estaremos con ustedes en Teotihuacán. Tienen que llegar allí primero, en el punto de la pirámide más alta… en la geometría romboide, en línea recta y perfecta, donde se hace el eje hacia las tres pirámides, allí nos encontrarán.
Hacia las diez de la mañana entramos a la Zona Arqueológica por la Puerta 5. Dyana Carvajal, Michelle Acosta y yo nos encontramos primero con la Pirámide del Sol.
Días antes nos habían compartido una lectura del flujo energético de Teotihuacán: entra por la Pirámide de la Serpiente Emplumada, asciende hacia la Pirámide de la Luna, y luego regresa a la Pirámide del Sol.
El escuchar esa información, algo se ordenó en mí de inmediato. Visualicé el punto exacto donde la energía gira y vuelve: el centro, el corazón, la mitad de una cruz.
No la cruz de la crucifixión.
Un eje. Un sistema. Un circuito vivo.
Con esa brújula, caminamos hacia el sur por la Calzada de los Muertos.
Parada #1: Cerro Gordo
Ubicación: 19.72° Norte, −98.85° Oeste
Me detuve en el centro de la Calzada. Al fondo, la Pirámide de la Luna y, detrás de ella, dominante y serena, el Cerro Gordo, elevándose hasta casi 3.100 metros sobre el nivel del mar.
Su presencia me atrapó por completo. Comprendí que debía hacer una venia. Me incliné hacía adelante hasta tocar la tierra con mi mano.
No fue un gesto protocolario. Fue reconocimiento. Honra. Inicio.
Entonces lo entendí: Teotihuacán es posible gracias a esta montaña. Hace 300.000 años, el Cerro Gordo erupcionó y cubrió el valle con ríos de lava incandescente. Al enfriarse, esa lava se transformó en basalto y tezontle, la materia prima con la cual se construyeron las pirámides, plataformas y calzadas.
La ciudad nació de la montaña, de Tenam, la Madre, como aún se llamaba Cerro Gordo en el Siglo 16. Teotihuacán nació del fuego mismo, hecho piedra.
Descendimos hacia el sur por la Calzada de los Muertos, en dirección a nuestra próxima parada: La Ciudadela, un complejo monumental contenido en una vasta plaza rectangular.
Pero antes de llegar, el camino nos ofreció una pausa inesperada. Un vendedor nos enseñó cómo hacer como un Quetzal:
No era un simple vendedor. Era un guardián del umbral de la Pirámide de Quetzalcóatl.
No fue una estrategia de venta. Fue una iniciación. Una verificación del estado.
Y así, nos alistamos para entrar a la Pirámide de Quetzalcóatl.
Parada #2:
La Pirámide de Quetzalcóatl
Ubicación: 19°40’55» Norte, 98°50’58» Oeste
Base de la pirámide: Aprox. 65 x 65 metros
Entramos a la Ciudadela, cruzamos el amplio espacio central y subimos unos escalones empinados. Desde la cima, por primera vez vi la alineación de las tres pirámides: al fondo la Pirámide de la Luna, luego la Pirámide del Sol, y finalmente Quetzalcóatl.
En náhuatl:
- Quetzal: ave de la selva tropical con plumaje iridiscente.
- Coatl: serpiente.
Quetzalcóatl es entonces la serpiente de plumas preciosas. Dios de la vida, la luz, la sabiduría, la fertilidad y el conocimiento. Señor de los vientos. Custodio del amanecer y del día. Y en el mundo maya, Quetzalcóalt es conocido como Kukulkán.
Aunque es el tercer edificio más alto de la Zona Arqueológica de Teotihuacan (aprox. 20 metros), no fue su altura la que me impresionó, sino las enormes cabezas de serpientes emplumadas que emergen de los taludes. Y, sobre todo, la gran similitud iconográfica que percibí entre la serpiente emplumada y el dragón.
Me senté en los escalones que miran hacia la fachada oeste, observando con atención sus seis niveles. Entonces la conciencia de Quetzalcóatl formuló una pregunta sencilla y directa:
¿Qué hacen aquí?
Respondí sin pensar, como se responde a lo evidente: Vengo a entregar el huevo del dragón.
Después de una pequeña pausa, preguntó:¿El huevo del dragón?. ¿Cómo sabe usted eso?
Respondí de inmediato: Me lo entregaron en el Lago Titicaca.
Y entonces Quetzalcóatl me respondió: Bienvenida. Abrimos los caminos de renovación.
En ese momento reconocí esta pirámide como la puerta de entrada: el punto donde la energía ingresa y se concentra en la tarjeta madre, para luego ser distribuida por el resto del circuito.
Salimos de La Ciudadela y retomamos la Calzada de los Muertos, esta vez, caminando hacia el norte, en dirección a nuestro próximo punto: la Pirámide de la Luna.
Parada #3: La Pirámide de la Luna
Ubicación: 9°41’58.56″ Norte, 98°50’38.40″ Oeste
Base de la pirámide: Aprox. 150m x 130m
Para llegar a la Pirámide de la Luna hay que pasar obligatoriamente por el frente de la entrada de la Pirámide del Sol.
En ese punto había una gran aglomeración de vendedores ambulantes, guías y turistas.
Diana nos comparte: «Debo liberar al dragón que está atrapado en esa pirámide. Esa es la pirámide de Thor… Me dicen que a las 4 de la tarde».
Así que seguimos caminando hacia la pirámide maciza escalonada que actúa como la gran receptora de la energía que ha sido distribuida desde el sur por la Pirámide de la Serpiente Emplumada.
Detrás de ella se eleva el Cerro Gordo. La arquitectura humana se vuelve espejo de la arquitectura de la naturaleza. Ambas, pirámide y montaña, se reconocen. Se sostienen.
Juntas anclan y sostienen el eje norte de la ciudad.
El nombre original de esta pirámide permanece desconocido. Sin embargo, los arqueólogos la vinculan con una gran deidad femenina, asociada a la tierra, el agua, la fertilidad, el inframundo y los ciclos de vida y de muerte.
Un eco directo de Cerro Gordo.
La madre detrás de la madre.
En este punto volvimos a leer la instrucción que nos había dejado Aran Ka. La leímos despacio. Más de una vez.
Entonces apareció la pregunta inevitable: ¿qué es un romboide?
Sin internet, sin definiciones técnicas, y curiosamente de común acuerdo, decidimos algo simple: un romboide debía parecerse a un diamante. Con esa claridad, que en su momento nos pareció suficiente, surgió la siguiente pregunta:
¿hacia dónde caminamos? ¿Dónde es el punto de encuentro?
Yo insistía en que debía existir una alineación de la cúspide de las tres pirámides, aunque en el mapa no me daba la alienación del todo. Me imaginé (y quería que fuera) que esa línea diagonal conectora fuera la “línea recta y perfecta” de la que había hablado nuestro guía pleyadiano.
Michelle, en cambio, ofreció otra lectura. Dijo que tenía sentido que el punto que buscábamos estuviera entre las pirámides de la Luna y del Sol, en ese tramo donde aparece la vegetación.
Nos miramos.
Y sin necesidad de más palabras, decidimos seguir esa intuición.
Así, hacia las dos de la tarde comenzamos a avanzar, acercándonos a la Pirámide del Sol por su costado norte.
Parada #4: La Pirámide del Sol
Ubicación: 19°41′33″ Norte, 98°50′38″ Oeste
Base de la pirámide: Aprox. 225m x 225m
A medida que nos acercábamos a la Pirámide del Sol, se hacía evidente que no sería sencillo encontrar un lugar donde detenernos. Buscábamos algo muy concreto:
un punto donde sentarnos, con sombra, que permitiera a nuestros cuerpos físicos quedarse quietos para realizar el cometido en el plano etérico.
Caminamos lento. Observábamos. Nada parecía disponible.
Ya muy cerca de la pirámide, Michelle vio un árbol que ofrecía sombra. No había ningún letrero visible, así que nos acercamos.
Nos sentamos. Casi al instante, un guarda llamó nuestra atención: estábamos en una zona de acceso prohibido, aun cuando el lugar mostraba rastros evidentes de otros humanos: botellas vacías de Coca-Cola y de algún trago local.
La pregunta fue inmediata: ¿Y ahora qué hacemos?
Y la instrucción que recibo es clara: Sigan caminando.
Así que retomamos la marcha, avanzando por el camino de tierra que conduce al sendero que bordea la pirámide.
Una vez más, nos encontramos en la cara norte, lo más cerca de la pirámide dentro de lo permitido.
Miche y yo caminamos despacio. Le comenté que esta experiencia me recordaba a Palenque: allí también caminé un largo rato antes de encontrar el lugar. La diferencia, esta vez, era clara. Aquí si teníamos una instrucción precisa.
Al llegar a la cara este de la pirámide, notamos que Diana se había quedado atrás. Ambas asumimos que estaba haciendo su propia tarea, sin saber cuánto tiempo le tomaría. Así que Miche y yo decidimos continuar hasta la siguiente esquina, justo el lugar por donde habíamos entrado en la mañana.
Desde este momento, la experiencia de Diana, y la de nosotras corren en paralelo.
Mientras caminábamos, le compartí algo que venía sintiendo desde temprano: que parte de lo que estábamos haciendo era recibir códigos solares, en mi caso, esa recepción era principalmente por la coronilla.
Cuando llegamos a la esquina donde todo el recorrido había iniciado, ya eran las tres de la tarde.
Nos sentamos a la sombra y, nuevamente nos preguntamos qué hacer.
Pensé en voz alta: ¿Y qué tal si hoy no era la entrega del huevo?
Michelle ofreció otra posibilidad: Si no es hoy, quizás sea mañana, mientras estamos en el globo. Ahí se lograría ver…
Le respondí casi de inmediato: Si de lo que se trata es de tener una mirada de halcón, entonces estar en el globo sería ideal.
Y entonces Michelle dijo: ¿Y si le preguntamos a ChatGPT?
De una, respondí. A ver si sabe para dónde tenemos que ir.
Así que Michelle escribió en ChatGPT la instrucción que nos había dado Aran Ka. La respuesta fue directa:
“el punto estaría al frente de la Pirámide del Sol, sobre la Calzada de los Muertos”.
A mí no me terminaba de sonar. Yo seguía insistiendo en esa imagen mental de una línea diagonal, una conexión que no terminaba de encajar con el territorio ni en los mapas.
De igual manera, la instrucción era contundente, casi insistente:
“Sigan caminando, sigan caminando”.
Y si, seguimos caminando.
Pasamos por un espacio verde al frente de la pirámide y le propuse a Miche que probáramos allí. En Palenque, el punto había sido una zona verde; quizás aquí también. Nos sentamos, Miche sacó el collar que debía traer.
Y nada.
Seguimos caminando hasta llegar al frente de la Pirámide del Sol, sobre la Calzada de los Muertos. Había aún más personas.
Así que cruzamos la Calzada y nos sentamos en el último escalón de la escalinata, mirando frente a la Pirámide del Sol. Como no teníamos más instrucciones que el punto de encuentro, Miche propuso un ejercicio mental: vernos subir hasta la cima. Cuando llegáramos arriba, debíamos decir “ya”.
Cerramos los ojos.
Yo me transformé en una serpiente.
Crucé la Calzada de los Muertos.
Subí las primeras escaleras.
En el descanso comencé a girar, formando un torbellino, un vórtice.
Luego ascendí en zig-zag hasta llegar arriba.
Ya.
Al poco tiempo Miche dijo: Ya.
Y entonces llegó la retroalimentación contundente de lo que estábamos intentando hacer:
Este no es el lugar.
Este no es el lugar.
Este no es el lugar.
Miche reclamó: ¿pero si no necesitamos nuestro cuerpo porque no nos dejan hacerlo desde acá?
No tenía la respuesta.
Solo sabía que insistían: no es acá.
Nos pusimos de pie, cruzamos nuevamente la Calzada, subimos las primeras escaleras, atravesamos la plaza y nos sentamos en el último escalón de la plataforma en U que enmarca la Pirámide del Sol.
Re diagramando realidad, realidades.
Perfilando.
No se puede subir, no se puede subir.
Liberen primero el dragón.
… el huevo… cuídalo.
4:10 – Coman y vuelvan mañana.
Comencé a sentir profundamente cansada.
4:59 – Códigos, códigos, códigos solares
5:03 – códigos, códigos, códigos solares
5:34 – Códigos, códigos, códigos, códigos, códigos, códigos, códigos, códigos
6:27 – Códigos, códigos, códigos solares
Pensé que no estaba pasando nada, y además tenía ese sueñito tan inusual. Abrí mis ojos y Miche me dijo que le habían indicado que debía quitarse los zapatos.
Ella se quedó sentada.
Yo me recosté hacia atrás y entré, casi de inmediato, en un estado de adormecimiento profundo.
Pasó un tiempo. Luego escuché su voz preguntándome si estaba meditando. Me trajo de regreso.
No, para nada.
Me había quedado profunda.
Mientras yo “dormía”, esta fue la experiencia de Michelle:
Nos pusimos de pie.
Tuve la certeza de que volveríamos la mañana siguiente.
Y, al mismo tiempo, otra certeza igual de nítida: si no lograba entender la instrucción de Aran Ka volveríamos a vagar por Teotihuacán, con bajas probabilidades de encontrar ese lugar preciso que había señalado. Y ya no habría más tiempo para seguir intentando pues pasado mañana salimos para Mérida.
Nos reencontramos con Diana poco antes del parqueadero.
Y después de seis horas en la Zona Arqueológica, las tres salimos en dirección al Restaurante La Gruta, ubicado justo al frente de la Puerta 5.
Mágico lugar y comida deliciosa. Nos encantó: trio de quesadillas, mole con pollo, café campesino con toques de canela y naranja, postre de piña asada con helado, y la torta de elote con una salsa que parecía sabajon.
Y el ritual con la vela cerró nuestro primer encuentro con Teotihuacán!
Conclusiones de hoy
- No encontramos el punto de encuentro definido por Aran Ka. Ni los vimos a él ni a las naves.
- Yo no sentí ningún movimiento o percepción distinta del huevo del dragón.
- Se liberó al dragón negro que estaba encerrado en la Pirámide del Sol.
- Se introdujeron nuevos códigos solares al huevo de oro.
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