Lankamha´

Palenque es caliente, húmedo, poblado de mosquitos, de cielos azules y sol incandescente. O al menos así lo recordaba.

Ayer, en cambio, me recibió otro Palenque: nublado, fresco.  El aire era tan frio que los lugareños llevaban sacos, y yo dormí sin aire acondicionado y con cobija.

Esta mañana el clima seguía igual. En la recepción me explicaron que se debía a “un frente frío”.

Gratitud absoluta.

Antes de salir para la Zona Arqueológica de Palenque, repasé las instrucciones de la misión:

“Busca el arcoíris en Palenque…

Reconecta Palenque y el tiempo del no-tiempo de Sarmizegetusa”.

Para esto, me habían instruido que debía buscar el corazón del halcón, el cual lleva a la serpiente emplumada, que a su vez guarda el aro iris.

Primera parada: La reina roja

El Templo XIII, conocido como la tumba de la Reina Roja, debe su nombre al cinabrio (85% mercurio y 15% azufre) que cubría a Ixik Tz’aka’ab Ajaw y todo el sarcófago de piedra caliza.  Rojo intenso y brillantes como la sangre, la vida, y el tránsito que lleva al renacimiento.

Este es el lugar donde la reina “rest” (en inglés: descansa), resta.

Entonces apareció la instrucción, suave y persistente:
Arco iris. Busca el arco iris (lo repite 3 veces).

Al salir, algo captó mi atención: un espacio verde, abierto, al fondo. Lo noté, pero decidí no ir aún.

Segunda parada: El Palacio 

Caminé hasta El Palacio y ya en la cima, ese mismo espacio verde volvió a llamarme. Sin urgencia, con constancia.

 

Tercera parada: Templo del sol

Continué hacia las ruinas que conforman el Grupo de la Cruz, consciente de que solo estarían accesible durante un par de horas. Subí primero al Templo del Sol.  Desde ahí, la vista es esplendorosa: el Templo de la Cruz y el Templo de la Cruz Foliada se despliegan dialogando entre sí y con la selva.

Descendí y crucé hacia el Grupo de los Murciélagos, y luego hacia las ruinas del Grupo Norte, siguiendo un impulso más que un plan.

Cuarta parada: Templo del conde

Subí, le di la vuelta al templo, y me quedé contemplando la respiración exuberante de la selva. No era un paisaje: era un organismo vivo, consciente.

Entonces, este árbol me invitó a sentarme frente a él.

Y la voz regresó:

Hermana, continua.

Encuentra el dragón arcoíris.

Iris, arco.  Arcoíris. 

Encuentra el arcoíris.

Te estamos guiando.

Continua. Continua. Continua.

Bajé del Templo del Conde y, sinceramente, querido(a) compañero(a) de viaje, me sentía desorientada. Algo inquieta. Ya había recorrido “lo que hay que ver” de Palenque: lo esencial, lo señalado en los mapas, lo esperado. Y, sin embargo, ningún lugar resonaba. Nada parecía responder a las instrucciones recibidas.

Decidí ir al baño.

Allí, le pregunté a las dos trabajadoras si habían escuchado algo sobre un arcoíris… o el halcón. Me miraron con desconcierto.

No güerita, me dijeron.  Nosotras solo limpiamos aquí los baños.

Y entonces entendí, algo que ya sabía en mi corazón pero que mi mente insistía en dramatizar, que esta búsqueda no iba a resolverse preguntando, sino estando.

Presente. Atenta. Disponible.

Salí del baño.

Dos opciones se abren ante mi: bajar hacia los Baños de la Reina o dirigirme al espacio verde.

El verde me susurraba con la tensión firme de una cuerda estirada.

Me acerqué a ese punto abierto que había captado mi atención desde el inicio.

Era el Templo X.

Quinta parada: Templo X

X: diez.

X: dos líneas que se cruzan. Intersección. Presencia.

X:  lo que no se nombra, pero se señala.

X: la marca del tesoro.

Sonreí para mí misma, y aun dudando pedí una señal más clara. 

Y entonces lo vi: una iguana grande, negra, respirando tranquila sobre las piedras.

La iguana y yo nos reconocimos. Ambas inmóviles.

Hice una venía larga a las iguanas, y al dragón.

Caminé al frente del templo. Me quité las botas. Las medias. Y me senté con las piernas cruzadas.

Arrodillate.

Seguí la instrucción.

El pasto estaba corto. La leve humedad del piso era como la respiración de la Tierra, penetrando mis canillas y sosteniéndome. La brisa suave, lenta y fresca. Los rayos de sol matizados por las nubes me dieron la bienvenida.

Cuanta gracias, pensé.

Sentí una gratitud inmensa.

Cómo me cuidaban.

Cómo me consentían.

Cómo habían orquestado todo para que mi cuerpo estuviera a gusto, tranquilo, sostenido.

Arrodillada comenzó la transmisión, la cual transcribo a continuación.  Los sonidos que describo los identifiqué posteriormente al escuchar el audio, pues no fui consciente de ellos durante el proceso.

00:12 – Comando solar.

00:16 – Activo.

00:19 – Iniciamos.

Mi cuerpo respondió inmediatamente. 

Comencé a hacer movimientos suaves, lentos y armónicos con mis brazos y manos, como si siguiera una cadencia antigua, pero conocida a la vez.

El audio registra entonces un sonido particular que asocio a una estructura de madera antigua en movimiento: como un barco grande que navega bajo un oleaje profundo.

Madera que cruje,

Madera viva.

Madera que se despierta.

 

00:41 – Códigos.

En ese instante sentí una angustia intensa, casi paralizante.  No me los sabía.

Recordé que, en la madrugada después de mi visita a la Laguna de Guatavita, me despertaron y me entregaron unos códigos.

Series largas, repetitivas.  Con muchos siete.

No las recuerdo.

No quedaron grabados en la nota de audio de mi celular.

La angustia, tan humana, comenzó con fuerza, la sombra de una falla, como un vacío. Y, sin embargo, algo se acomodó.  Y entonces empecé a decirlos:

1: 07 – Siete. Siete. Siete.

1:13 – Siete. Siete. Siete.

1:18 – Siete. Siete.

El ritmo se sostenía. No había esfuerzo.
Los números emergían por sí mismos, como si no provinieran de la memoria, sino de una capa más profunda.

1:25 – Siento la presencia del dragón 

1:34 – Siete. Siete. Siete. Siete.

La presencia del dragón se amplificó, era palpable y sostenida.

2:40 – Ashhhhhhhraaaaaaaaaa. Me pregunté si podría ser el nombre del dragón.

En este momento, al sonido de la madera se le sumó otro: sogas tensándose y deslizándose sobre la madera, como si algo se estuviera liberando, soltando.

 

3:10 -Perfilando.

Se escuchan varias aves cantando, superpuestas, activas.

3:45 – Recalibrando.

Mientras saludo a cada una de las cuatro direcciones, el sonido de la madera y las sogas se intensifica.

Se aflojan.

Mis movimientos son lentos.

Siente que hay más espacio, más amplitud, más posibilidades de movimiento.

La conciencia continuó con una instrucción clara:

6:32 – Párate como un halcón.

Entones recordé la postura erguida. Extendí mi columna, alineé mi cuello. La sensación era de auto sostenimiento, presencia vertical. Estabilidad sin rigidez.

8:08 – Conecta Sarmizegetusa.

Conecta. Conecta. Conecta.

11:38 – Blue. Avians… Halcón.

11: 45 – Halcón. Ness… Loch Ness… Unlock Ness.

Y percibí la conexión que se restauraba entre Palenque (México) y el Lago Ness (Escocia).

 12:06 – Blue Avians… Blue, como estas vestida. Blue.

12:26 – ¿qué es un arco iris? Un arco iris es, es la ilusión. Es la descomposición de lo que es la totalidad. Expande tu arco iris.

15:05 – ¿Ves? Las aves cantan con tu presencia.

15:11 – Blue Avian. Blue Avian. Halcón.

Halcón (repito 3 veces).

15:36 – La conexión ya está hecha. Sarmizegetusa.

En ese momento, otra ave comenzó a cantar. Una cadencia lenta, rítmica, constante y sostenida por más de un minuto seguido.  Luego una segunda ave se unió.

18:38 – Agra. Las piedras de Agra.

Tuve la plena certeza de que se trataba de Agra en la India.

 18:43 – Conéctalas con la red planetaria… Reconecta las piedras de Agra.

Mi mente reaccionó de inmediato: ¿en serio? ¿Las del Taj Mahal? Apareció mi resistencia: yo que no quería volver a ese lugar.

 19:24 – Reconectar piedras (del) Taj Mahal.  

Pensé: ¿el mármol? Y sin embargo me sentía atraída hacia lo que estaba debajo del suelo. 

19:30 – Cimientos.  Los cimientos.

Ahora comprendo que no necesito entrar al Taj Mahal. Puedo hacer esto desde el otro lado del Rio Yanuma.

19:49 – Los cimientos del tiempo. Tiempo. Tiempo. Tiem-po.

 20:21 – Las piedras de Jaipur.

20:42 – Tiempo. Tiempo. Tiempo.

21:04 – Ya está conectado.

Una sensación de ajuste preciso.  Alivio.

 21:08 – Tiempo. No tiempo horizontal.

Tiempo vertical, que se enrosca por las columnas (y veía las columnas del Gran Templo de Piedra Caliza en Sarmizegetusa).

Templo de Piedra Caliza en Sarmizegetusa Regia (Romania). Foto tomada: Octubre 14, 2025.

21:28 – Tiempo del no tiempo.

21:54 – Calibrando. Calibrando starter… Teotihuacan.

Teo… tihuacan. Palenque.

Teotihuacan, Palenque.

22:21 – El impulso de Palenque nace en el corazón de Palenque.

Tiempo. Tiempo. Tiempo del no tiempo.

A Teotihuacan irán tres, que son cinco, más tres, que son cinco.

 

23:08 – Cinco. Cinco. Cinco. Y repetí la palabra “cinco” siete veces más.

Cinco esferas de luz.

El huevo (haciendo referencia al huevo del dragón) es … de … para Teotihuacan, aquí es el corazón del starter de Teotihucan.

 

24:21 – Recalibrando. Recalibrando.

Recalibrando la matriz, sistema.

Ma-triz. Ma-triz. Ma-triz.
Recalibrando. Recalibrando.

 

24:55 – Recalibrando la matriz, el útero.

Teoihuacan. Can. Can.

Mecanismo. Mecanismo. Mecanismo, activado.

 25:36 – Desfogue. Desfogue (del) mecanismo.

Zona de presurización. Desfogue.

Activado.

 

26:11 – Todos estamos conectados.  No con lo que ves, sino lo que pulsa. Los pulsos de la tierra, de la madre, de lo que ustedes llaman Gaia.

26:33 – pulsos ancestrales, nuevos, nuevas venas, nuevos caminos neuronales…

Nuevos son los caminos neuronales energéticos de Gaia.

Gaia, Gaia, Gaia.

27:22 – Restableciendo, fortaleciendo, creando, creando nuevas conexiones.

Ascensión. Ascensión. A-scensión.

 

27:49 – Planea como un halcón.

Permanecí arrodillada. Mis brazos se extendieron lentamente hacia los lados, y progresivamente, sin esfuerzo, mi torso comenzó a inclinarse, muy despacio, hasta quedar en paralelo al piso.

La sensación era clara: como el halcón sobrevolando. Liviana. Sostenida.

Sentí que era fácil deslizarme en paralelo al piso, cada vez más cerca, hasta que las hebras de pasto rozaron mi cara.

Allí me quedé. Suspendida. En vuelo.

Hasta que recibí la próxima instrucción:

28:16 – Mira la geometría. Descifrando… como el halcón.

Entonces enfoqué la mirada del tercer ojo.  Vi la oscuridad. El espacio. Y en él, puntos de luz minúsculos de color azul vibrante.

Descifrando… Integrando.

Integra la geometría. Activa la geometría del huevo.

 29:18: Miras e integras.

Volví a ser consciente del enfoque del ojo y percibí la energía de cada punto, así como la relación entre los puntos individuales y las geometrías que conformaban. 

Imagínese querido lector(a) que las líneas que solemos ver en las distintas geometrías cobran vida. Dejan de ser trazos inertes y estáticos, ya sea sobre el papel o en el espacio. En lugar de líneas muertas, aparecen puntos de luz desplazándose a lo largo de ellas, pulsando, emitiendo vibraciones, activando a través de aquello que nosotros llamamos líneas.

30:06 – No es posible comprender esta tierra sino desde la altura con la mirada del halcón. La conectividad sobrepasa toda conexión humana actual.

30:38 – Son como niños frente a una planta nuclear. ¿Comprendes?

30:56 – Comando nuclear, presente.

En ese momento pregunté quiénes eran quienes se presentaban como Comando Nuclear. La respuesta fue casi inmediata.

31: 13 – Nosotros somos quienes somos.

31:20 – Nos enfocamos en entrar al núcleo.  Al núcleo, nuclear. Núcleo.

Nu-cleo.

Cleo- un.

31:49 – Trabajamos en el vacío. Comando Solar, presente y activo.

 32:12 – Y ahora, mira la conexión.

33:00 – En el audio se escucha que está soplando un viento potente, el aleteo de cosas volar, el cantar de los pájaros, el crujir de la marea.

 

34:33 – Mira las geometrías subyacentes.  El flujo de energía entre las geometrías.

 

35:35 – Comando nuclear es… una subunidad del Comando Solar. Trabajan con el vacío y la oscuridad… moldeando la arquitectura que sostienen la creación.

36:19 – Calibrando. Afinando.

38:09 – Calibrando.  Y repetí esta misma palabra 11 veces más.

39:17 – Mira como el halcón.

Calibrando. Halcón.

Continuaba el crujir de la madera, las aves cantando, y el sonido del viento.

 

45:25 – Comando Solar presente… Ahora preparaste el campo. Ahora, es.

45:56 – La serpiente es al dragón como el dragón es a la conciencia. La conciencia es a ti, es como el pulso… divino.

 

46:19 – Comando Solar.

46:38 – El starter de Palenque es un pulso entendido por la madre, solo la madre.

46:57 – El latido del ombligo.

Y en el audio se escucha el latido de un corazón.

47:10 – El latido de la vida.

El latido, el latido, el latido. Y continúa escuchándose el latido de un corazón.

 

47:38 – La conexión Palenque Teotihuacan es, ha sido, ha sido reestablecida. El pulso de vida a través de las aguas llega a Teotihuaca. Teo. Ti. Huacan.

 48:11 – Motherboard. The… Motherboard.

49:01 – Acuéstate y recibe los códigos solares de a-sen-ción dentro del huevo, patrones fotónicos.

Geometrías de activación, de in-te-gración.

Seguí la instrucción y permanecí acosta durante los próximos 24 minutos.

 

49:47 – La Madre te recibe.  Hemos filtrado el sol para ti. Para la comodidad de tu cuerpo, y de tu mente. Sobre todo, mente.

 

51:00 – Activación en mi corazón.

1:07:54- Soltar viejos patrones. Transmutados.

 1:08:39 – Reconectando… aspectos del corazón.

Un ajuste fino, sin resistencia.

1:13 – fin de la transmisión. Y entonces volví a mi cuerpo físico gracias al mordisco feroz de una hormiga en mi pie derecho.

Sentada contemplando, o al menos intentando respirar lo vivido, vi un hombre a la distancia que caminaba así mí. 

Pensé: “ay no, que pereza, otro guía”.

Pero algo dentro de mi habló con firmeza: “escúchalo. Aun hay algo por hacer”.

Así que a medio regaña dientes acepté su propuesta de recorrer la selva.

Caminamos por el sendero Motiepá, espeso y húmedo. Mientras avanzábamos, me hablaba de la flora y la fauna: de hojas que curan, de plantas venenosas, de cómo las raíces de los árboles dejan al descubierto estructuras de antaño, dando pistas sobre lo que yace oculto bajo tierra.

Pasamos por un nacimiento de agua y varios vestigios arqueológicos, mientras los monos aulladores nos daban serenata. Y así llegamos al Templo Olvidado.

Sexta parada: Templo Olvidado

Subimos. 

Yo me senté en los escalones. Mi guía se acomodó junto a uno de los árboles.

Y un momento después, la siguiente información comenzó a hacerse presente:

2:44 – Aquí los ancestros, de los ancestros, de los ancestros, de los ancestros venían a conectar con las estrellas, con nosotros.

3:12 – Restaurando conexión interestelar.

3:47 – Bendiciones para quien te trajo hoy, aquí, tu casa.

4:08 – En la quinta, de la quinta, un quintal, será.

5:27 – Buscando las laderas del tiempo. Afinando las octavas del tiempo, del no tiempo.

7:23 – El tiempo estaba arrugado, expandido el tiempo, lo regresa, a su acorde original, a su no tiempo.

8:09 – En el tiempo, del no tiempo, las preocupaciones humanas se deslíen. Tiempo, tiempo, tiempo del no tiempo…  reverberaciones…  tiempo, tiempo, tiempo, tiempo, tiempo, tiempo, tiempo

Al finalizar la canalización, descendimos del templo y continuamos con la caminata por la selva.

Pare ese entonces ya me sentía cansada. Y sin embargo sentía que aún faltaba algo. Quizás era el baño de la Reina. Así que caminé hacia esa dirección y me asombré con la frescura y derroche de vida de la Cascada Las Sombrillas.

Seguí caminando y llegué a las ruinas del Grupo B y el baño de vapor. Ya no había turistas ni caminantes, solo estaba yo.

Mientras exploraba los edificios, sentí una presencia a mi espalda, a cierta distancia.

Me di la vuelta.

Vi una figura que interprete como masculina: alta, muy delgada, estilizada. Cuando estaba ajustando la vista para distinguir sus rasgos, se desvaneció en un instante en un destello de luz azul.

Segui bajando hasta llegar a la base de la cascada, y fue ahí donde recibí la última instrucción:

Bendice las aguas de Palenque.

Séptima parada: Puente colgante

Y me detuve en la mitad del puente colgante, y desde el corazón, canté el mantra de bendición.

Al terminar, sentí una serena certeza de que la tarea en Palenque había culminado.

Después de 6 horas, Palenque me daba la autorización de salir de su campo.

Al día siguiente, el sol regresó: radiante y templado.  

Gracias Lankamha´.

Y yo emprendí el regreso a Ciudad de México.


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