Después de un par de horas de retraso en Bogotá, llegamos a Cusco pasadas las 2:30 de la tarde. La emoción era inmensa… aunque venía acompañada de una ligera inquietud: el Parque Arqueológico de Saqsaywaman cerraba a las 5 pm, y el tiempo parecía correr en nuestra contra.
Nos recibió un sol resplandeciente, un ambiente cálido con brisa fresca. Dejamos nuestras maletas en el hotel y buscando un taxi para Sacsayhuamán, llegó el primer mensaje:
“Bienvenidas, hermanas, a Cusco: la cúspide del halcón.”
¿El halcón? Qué curioso. Yo hubiera esperado escuchar al cóndor, la emblemática ave de los Andes. El halcón no encajaba del todo en mi imaginario andino. Inmediatamente mi mente viajó a Egipto, recordando primero a Horus y luego a Thoth.
Gracias Yaz por la foto 🙂
Llegamos al sitio arqueológico: simplemente wow!
Ubicado en la cima de la colina, Sacsayhuamán se me reveló principalmente como un gran complejo ceremonial y no como una fortaleza (aunque este sea el énfasis dominante hoy en dia, legado de la percepción de los españoles). Su arquitectura dialoga con la montaña, su entrono y el cosmos, mientras su majestuosidad vigila la antigua capital del Imperio Inca. Y eso que los arqueólogos estiman que hoy solo podemos ver alrededor del 40% de lo que fue en su momento.
Ante nosotras se desplegaban construcciones formadas por bloques de piedra colosales (entre 90 y 300 toneladas), cortadas con altísima precisión y encajados de forma implacable, sin ningún tipo de pegantes. Una evidencia contundente de la sabiduría de los Incas. Aún hoy los expertos no han logrado descifrar cómo trasladaron, cortaron, levantaron y ensamblaron estos megalitos.
Las sentí como un rompecabezas de formas orgánicas, suaves y a la vez poderosas, como si la roca hubiera sido moldeada por manos que conocían íntimamente el lenguaje de la materia y la geometría.
Cada muro: una escultura viva, danzante.
Imagínese querido(a) compañero(a) de viaje, que apenas 64 años antes de que Colón llegará a Guanahaní (una isla del archipiélago de las Bahamas) en 1492, ya había comenzado la construcción de Sacsayhuamán. Su construcción duró 50 años (aprox. 1428 – 1478).
Mientras Europa soñaba con “descubrir” y conquistar nuevos mundos, aquí, en lo alto de los Andes, ya se levantaban estas estructuras monumentales, alineadas con el cosmos, el sol y la Tierra.
Caminar por Sacsayhuamán se siente profundamente ancestral.
Mientras avanzábamos, una pregunta comenzó a resonar en mí: ¿Dónde es el lugar exacto donde debemos detenernos?
Y la respuesta llegó clara: Más al fondo. Sigue caminando.
Y seguimos el sendero indicado por el letrero: Muyuqmarka. No sabía si ese era realmente el camino correcto: el tiempo se agotaba y el espacio era inmenso.
Y entonces, como una señal, apareció esta piedra en el camino:
Un par de pasos más adelante, llegamos al mirador. Yazmín y yo nos miramos, y sentimos que esa era el lugar. Nos acostamos sobre la tierra, a 3.700 metros de altura (12.100 pies), y fue entonces cuando comenzó la transmisión:
Recalibrar sus corazones al latido del corazón de la Tierra es crucial para la misión. Este punto… es estar en el centro del corazón del sol. Recárguense con los fotones lumínicos del sol, de su galaxia. No el sol que ven, de la galaxia.
Nosotros estamos con ustedes. Respiren.
Entréguense a la tierra sagrada, cósmica, que les ha recibido hoy con tanto amor, con tanta luz, con tanto calor. El sol será su guía en este viaje, trayecto, trayectoria, aventura. Temer nada, ni siquiera confiar. Sigan su intuición.
[03:30] – Recarguen sus mitocondrias con la energía lumínica del sol que las alumbra. Den permiso para que entre profundo, profundo, profundo.
El punto es el uno. El punto se expande en sí, formando este círculo. El círculo sagrado, deseado, admirado.
Después de una larga pausa, pregunté mentalmente: ¿por qué nos indicaron este punto en específico? ¿Por qué aquí?
La respuesta fue inmediata:
¿Que por qué aquí? Porque aquí es la cresta del halcón.
Recuérdense… cuando el templo estaba plenamente activo… y lo que ustedes llaman pleyadianos practicaban la misma tecnología.
Entonces lo vi. De las piedras que nos rodeaban se proyectaban haces de luz hacia el cielo, conformando una estructura circular de pilares de luminosidad, entretejidos con geometrías que no reconozco, pero que me eran muy familiares.
Levitación, expansión, trabajo a nivel intracelular. No dentro de la célula, sino el espacio entre las células.
Este es un punto de conexión cósmica, multidimensional.
¿Ven las naves? Las naves las ven a ustedes. Quédense quietas, estamos recalibrando sus cuerpos.
Después de casi diez minutos, continuo:
Sus mitocondrias han sido recargadas y actualizadas a la vibración adecuada para entrar en los campos etéricos y sutiles donde las llevarán sus pasos. Has hecho bien en no comer. Estamos reestructurando todo tu aparato, vehículo. Vehículo de perfección…
[17:43] – Fuerte. Fuerte, necesitas estar fuerte.
[17:56] – Ancla la estructura del oro completamente.
[21:06] – Recuerden que el Agni Hotra* más potente es el de la tarde. Ustedes arden con el fuego sagrado del Agni Hotra hoy.
[21:22] -Son bendición y son bendecidas.
[21:29]- Ardan, transmuten, convirtiéndose en oro.
[21:30]- Sean oro, oro, oro, sosteniendo la frecuencia del oro.
U-ru.Oro.
[22:10] – La presencia del oro.
El magnetismo del oro.
El brillo del oro.
La resistencia del oro.
[26:50] – Continúen cargando sus baterías.
[26:57] – Solo permitan.
[27:19] – Sean como un cristal que se recarga bajo la luz.
Entonces pregunté mentalmente: ¿por qué la instrucción fue activar la estructura del oro y no la frecuencia del oro?
Y la respuesta llegó:
[32:52]- Frecuencia es una vibración, visible, no tanto en la materia.
[33:01] – Estructura es la materialización de la vibración.
[33:08] – ¿Entiendes? No es vibrar como el oro, es anclar la estructura del oro para ser oro, oro…Oro.
[35:09] – Ya están recargadas.
Me pidieron que reconfirmara con mi compañera de viaje, así que le pregunté: ¿Yazmín estás al cien por ciento del cien por ciento?
Ella respondió: Estoy al cien por ciento.
[35:26]– Bien. Pueden proceder su camino.
Gracias por visitarnos.
Gracias por su servicio.
[35:37]- Comando Solar, les saluda.
La transmisión terminó y permanecimos tendidas sobre la tierra. Mi cuerpo se sentía relajado y, al mismo tiempo, energizado. El cielo tenía una luminosidad distinta.
Y entonces vi un gran corazón dibujado en el cielo.
Sentí una gratitud expansiva.
A Yaz, por acompañarme en este viaje.
Al Comando Solar (aunque no sé quiénes son) por la transmisión y activaciones. A Sacsayhuamán, porqué está vivo, y nos permitió experimentar uno de sus pulsos.
*Agnihotra: un regalo de los Vedas. Consiste en un ritual sencillo de fuego destinado a purificar el ambiente, reducir la contaminación, y reestablecer el equilibrio bioenergético de la naturaleza. Se realiza dos veces al día (salida y puesta del sol) en un horario específico.
NOTA: Hoy al terminar de escribir esta entrada se me ocurrió buscar el significado de Sacsayhuamán. En quechua:
- Saqsay o saksay (vebo): saciado, estar satisfecho, hartar.
- Waman: halcón
Sacsayhuamán significa entonces “el halcón saciado”. Y me pregunté: ¿por qué resaltar que el halcón está saciado?
Comencé buscando si los halcones tenían cresta. Descubrí que las aves rapaces, entre ellas el halcón, tienen un diente tomial: una protuberancia o cresta triangular y afilada en el pico superior, que utilizan para inmovilizar a sus presas.
Entonces comprendí que, para que el halcón pueda seguir volando alto, en libertad y lucidez, debe estar saciado. Para ello utiliza su diente tomial con exactitud y discernimiento: así se alimenta, alcanza bienestar físico y disuade de continuar comiendo.
No obstante, siento que el símbolo del halcón evoca un estado energético en el que predomina la plenitud, el equilibrio y la armonía. Un estado donde ya no hay carencia sino suficiencia.
¿Suficiencia de qué?
De sí mismo, por virtud de ser un destello de la Fuente.
Indica el fin de la búsqueda compulsiva de buscar lo externo para ascender en las octavas de conciencia. La atención y el foco se recoge, se vuelca hacia su interior, a su conexión con su Yo Soy y la Totalidad. Y en lugar de perseguir, permite.
Y en ese instante, todo tomó sentido para mí: el saludo, la cresta del halcón, la transmisión de ese día. Esto hizo eco con mi proceso de despedirme con gratitud y soltar apegos, creencias limitantes, etiquetas y cualquier aspecto que refuerce la dualidad y la separación.
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